Un estudio sobre las larvas de una mosca que vive en el lago Malawi, en África oriental, encontró una adaptación que podría cambiar la forma en que los científicos explican por qué los insectos no lograron establecerse en el océano abierto.Investigadores de la Universidad de Columbia Británica (UBC) analizaron la especie <i>Chaoborus edulis</i>, cuyas larvas realizan diariamente desplazamientos de más de 200 metros dentro del lago, y descubrieron que cuentan con estructuras capaces de resistir presiones mayores a las esperadas.Durante el día, las larvas descienden hacia zonas profundas del lago con bajos niveles de oxígeno, donde encuentran protección frente a algunos depredadores.
Por la noche, regresan a aguas más superficiales para alimentarse.Para estudiar este comportamiento, los científicos instalaron un sistema de sonar en el fondo del lago, con el que pudieron observar los movimientos de grandes grupos de larvas durante sus migraciones.El análisis reveló que las larvas poseen dos pares de pequeños sacos de aire que utilizan para regular su flotabilidad, de una forma similar a los tanques de lastre de un submarino.Estas estructuras les permiten modificar su posición en el agua: pueden aumentar o reducir su volumen para subir o descender dentro del lago.Los sacos contienen resilina, un material elástico presente en varios insectos.









