Un equipo de investigadores de la Universidad Rockefeller, en Nueva York, descubrió que las moscas de la fruta no localizan los olores mediante simples reflejos, como se creyó durante décadas, sino que utilizan un sistema de memoria espacial que les permite orientarse hacia la fuente de un aroma.El estudio, publicado en la revista Nature, concluye que estos insectos almacenan información direccional en su cerebro cada vez que entran y salen de una columna de olor, lo que les permite regresar a ella incluso cuando el rastro se dispersa o no coincide con la dirección del viento.Los científicos observaron que, al detectar el aroma de una fruta madura, las moscas no vuelan directamente hacia el centro del olor. En cambio, recorren sistemáticamente el borde de la columna aromática, alternando entre zonas con olor y aire limpio para construir un “mapa” que guía su desplazamiento.Publicidad“Queríamos comprender cómo un animal construye una imagen funcional de un mundo químico que en realidad no puede ver”, explicó Vanessa Ruta, directora del Laboratorio de Neurofisiología y Comportamiento de la Universidad Rockefeller y autora principal del estudio.Para comprobar este comportamiento, los investigadores desarrollaron un entorno de realidad virtual en el que las moscas caminaban sobre una esfera flotante mientras recibían estímulos controlados de aroma a vinagre de manzana y corrientes de aire que simulaban condiciones naturales.Los experimentos demostraron que las moscas podían seguir el rastro incluso cuando la columna de olor cambiaba de posición o se orientaba perpendicularmente al viento, lo que evidenció que su navegación depende de una memoria direccional y no de una respuesta automática.PublicidadPublicidadEl equipo también identificó el papel del complejo central del cerebro de los insectos, una región relacionada con la navegación espacial. Allí, un grupo de neuronas denominado FC2 almacena la dirección del borde del olor y permite que la mosca regrese hacia él después de perder el rastro.Cuando los investigadores bloquearon la actividad de esas neuronas, las moscas dejaron de encontrar la columna de olor, lo que confirmó que el proceso depende de circuitos cerebrales vinculados con la memoria.Los autores sostienen que los hallazgos replantean la forma en que se entiende la navegación olfativa de los insectos y sugieren que las moscas emplean mecanismos cerebrales comparables a los que utilizan hormigas y abejas para orientarse en su entorno.Según Ruta, el estudio demuestra que, pese a su pequeño cerebro, las moscas desarrollan estrategias de navegación “adaptativas, flexibles y sorprendentemente sofisticadas”, lo que abre nuevas posibilidades para comprender cómo el cerebro procesa la información espacial y sensorial. (I)