Durante décadas, los biólogos han dado por sentado que existía una razón que explicara por qué los insectos nunca habían conquistado el océano. A diferencia de los peces o los crustáceos, los insectos respiran mediante una red de tráqueas llenas de aire. Se pensaba que la enorme presión de las aguas profundas aplastaría esas estructuras, impidiendo que sobrevivieran a grandes profundidades.
Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Science acaba de poner en duda esa hipótesis. Los investigadores han descubierto que las larvas de la mosca acuática Chaoborus edulis, que habita en el lago Malawi, en África oriental, han desarrollado un sistema lo suficientemente resistente que les permite sobrevivir a más de 200 metros bajo el agua.
El hallazgo más importante del estudio es que estas larvas han modificado parte de su sistema traqueal. En lugar de poseer únicamente tubos respiratorios llenos de aire, han desarrollado una especie de sacos aéreos reforzados que son clave para su supervivencia en el agua. A medida que las larvas crecen, esos sacos se vuelven más resistentes a la presión de las profundidades.
Una de las particularidades que encontraron los investigadores es que estos sacos contienen resilina, una proteína muy elástica presente en numerosos insectos. Las larvas pueden modificar la acidez (pH) de estas estructuras, haciendo que la resilina se expanda o se contraiga, lo que a su vez cambia el volumen de los sacos de aire y, por tanto, su nivel de flotabilidad. Gracias a este mecanismo, las moscas son capaces de regular con gran precisión la profundidad a la que permanecen.










