Usted está muriendo. Aún no lo sabe, pero las Calliphoridae, sí. Esa mosca verde tornasolada que acaba de entrar en su habitación, es una de ellas y le ha olido a varios kilómetros de distancia. Ha detectado al instante la inactividad celular de su agonía, imperceptible para los seres humanos. Los diminutos pelos que cubren todo su cuerpo son agudos receptores quimio sensoriales capaces de advertir las primeras señales de muerte incluso antes de que ocurra. Es la verdadera parca.
La mosca posa su belleza lúgubre en la entrada de una de sus fosas nasales, donde está cálido y húmedo; ideal para que su descendencia prospere. Cualquiera sentiría cosquillas y se la quitaría de encima fácilmente, pero recuerde que usted está muriendo y no puede moverse, de modo que la mosca deposita cientos de huevos y se va volando en calma tras dejar a sus hijos en un buen sitio: usted. En pocos días eclosionan y las larvas se hacen fuertes devorando su carne. Cuando estén satisfechas, se irán reptando para convertirse en pupas. Durante semanas serán frágiles gusanos encorsetados en una cápsula marrón hasta culminar su metamorfosis como parodias de mariposas. Entonces, saldrán en busca de un nuevo cadáver donde repetir el ciclo.






