La investigadora española, del Instituto Francis Crick de Londres, ha manipulado las neuronas de una mosca para que se obsesione por un fruto exótico
El cerebro de una mosca tiene el tamaño de un grano de arena, pero la neurocientífica española Lucía Prieto Godino está convencida de que ese órgano diminuto esconde claves del colosal sistema nervioso humano, capaz de crear El Quijote, la vacuna de la viruela y la pirámide de Keops. La investigadora, nacida en Madrid hace 42 años, dirige en el Instituto Francis Crick de Londres su propio laboratorio, dedicado a estudiar los circuitos neuronales: las conexiones entre células de las que dependen los pensamientos, los recuerdos y los comportamient...
os. “En los últimos años hemos aprendido muchísimo sobre cómo funciona el cerebro, pero todavía no entendemos casi nada sobre cómo evoluciona. Esa es la gran pregunta de nuestro laboratorio”, proclama.
La cuestión es trascendental. Los cerebros de una persona, un caballito de mar, una avispa, una cabra o un tucán son tan diferentes como sus conductas. Son tan distintos que es impracticable compararlos y sacar conclusiones. Prieto Godino ha optado por examinar animales mucho más cercanos y sencillos: diferentes especies de moscas que, a simple vista, parecen idénticas, pero actúan de maneras muy diversas. “No es que nos interese lo que hacen las moscas. Si averiguamos cómo evolucionan sus cerebros, estaremos un paso más cerca de entender cómo evoluciona nuestro propio cerebro”, subraya la neurocientífica, sentada en el Puente Monumental de Arganzuela, una pasarela madrileña cuya forma, una doble espiral metálica, recuerda a la estructura del ADN. Es su barrio de toda la vida.






