Muchos avances médicos cuyos beneficios puede entender cualquiera comienzan con científicos haciéndose preguntas difíciles de comprender para la mayoría. La historia de Tetraneuron, una empresa que ahora quiere desarrollar un nuevo tratamiento para el alzhéimer, comienza con la curiosidad de un investigador del Instituto Cajal del CSIC, en Madrid. José María Frade llevaba años estudiando cómo se desarrolla el sistema nervioso en embriones. Mientras trabajaba en el estudio de la retina del pollo durante su etapa postdoctoral en Alemania, observó cómo las neuronas morían al intentar reactivar su ciclo celular, un proceso que, normalmente, solo ocurre cuando las células se dividen y que es anómalo y letal para las neuronas adultas. A su regreso a Madrid, Frade intentó entender aquel mecanismo extraño y descubrió el papel protagonista del factor de transcripción E2F4.
En condiciones normales, E2F4 regula el ciclo celular, ayudando a controlar que la célula no se divida cuando no debe. En adultos, el ciclo celular de las neuronas debe permanecer apagado, pero eso cambia en situaciones de estrés. Entonces, E2F4 recibe una etiqueta química (se fosforila) y, como una caja de interruptores que se moja, empieza a enviar señales anómalas, reanudando el ciclo de proliferación de las neuronas adultas. En ese entorno descontrolado, comienza la cascada patológica del alzhéimer, con la formación de placas de proteína beta-amiloide en el cerebro, la inflamación crónica y la degeneración que conduce a la demencia.






