La nueva exposición, en la Universidad Complutense de Madrid, muestra desde tétricos instrumentos decimonónicos a asombrosas ilusiones ópticas

El profesor Javier Bandrés recorre el nuevo Museo Complutense de la Psicología deteniéndose en cada objeto, durante casi cuatro horas, porque son multitud: una centenaria caja con lonchas de cerebelo de mono, un rudimentario instrumento decimonónico para medir el cráneo de un ser humano e inferir su personalidad, asombrosas ilusiones ópticas, una máquina setentera para intentar averiguar si alguien está diciendo la verdad. Al llegar a un anodino objeto negro, se pone serio. “Con este cajón y una rata se han observado fenómenos trascendentales del comportamiento humano”, proclama.

Bandrés recuerda un célebre experimento realizado en 1942 por el psicólogo estadounidense Leo Crespi en la Universidad de Princeton. El investigador diseñó un pequeño pasillo de madera, que tendrían que recorrer diferentes ratas para alcanzar un alimento en su extremo final. Cuanto mayor era la recompensa, más corrían los roedores. Sin embargo, Crespi se percató de un curioso fenómeno psicológico. Si a una rata acostumbrada a un premio elevado se le ofrecía menos comida de lo habitual, su rendimiento caía incluso por debajo del de sus congéneres que siempre recibían esa misma ración escasa. Era la expectativa, y no la recompensa en sí misma, la que determinaba el comportamiento. “¿Por qué vienen inmigrantes a cobrar un sueldo de miseria? ¡Por el efecto Crespi! Es una miseria para ti, no para otras personas”, reflexiona el profesor.