Dos veterinarios de la Complutense quieren crear un centro de referencia mundial para el estudio de las anomalías congénitas, pero no encuentran financiación

A apenas 500 metros del despacho del presidente del Gobierno en el Palacio de la Moncloa se esconde un asombroso tesoro científico, en el que a simple vista destacan un lechón con dos cabezas y un ternero cíclope, con un único ojo en su frente. “Esta es la mayor colección de malformaciones congénitas animales de España”, proclama el veterinario Luis Avedillo, ataviado con una bata blanca con manchas de sangre. Este profesor universitario con aspecto de ratón de bibliotec...

a es en realidad una especie de Indiana Jones de la teratología, la disciplina que estudia las “monstruosidades”, según la arcaica y peyorativa definición del diccionario.

Las malformaciones pueden ser desagradables, incluso repulsivas, así que lo habitual es que los cadáveres de estos individuos insólitos acaben en un contenedor de desechos en las granjas. Avedillo recorre el interior de España para buscarlos. Ha llegado a zambullirse entre un centenar de lechones muertos en busca de rarísimos defectos congénitos que puedan iluminar el enigmático desarrollo de una única célula ―un óvulo fecundado― hasta convertirse en una criatura con billones de células perfectamente sincronizadas. Ahora, en plena asfixia económica de las universidades públicas madrileñas por los recortes del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, los responsables de esta colección única temen su cierre.