El convento de San Antonio de Padua colabora desde enero en un proyecto de la Universidad Complutense para preservar esta raza autóctona en riesgo de desaparición

Las monjas del convento toledano de San Antonio de Padua compaginan la elaboración de dulces y helados con la cría, desde hace 30 años, del conejo gigante español. Desde enero están embarcadas en un proyecto junto a la Universidad Complutense de Madrid para evitar la consanguinidad y preservar la pureza de esta especie de gran valor histórico y genético en riesgo de desaparición. Según el Ministerio de Agricultura, en 2024 había 67 hembras reproductoras en pureza en todo el país. Entre las paredes de este convento se encuentra un...

o de los repositorios más importantes de la especie, con 20 hembras y 16 machos. Al frente, sor Consuelo Peset, una monja albaceteña de raíces valencianas que creció rodeada de estos animales. Cuando se mudó a Toledo, sus padres le trajeron en una de sus visitas dos de los conejos que criaban en el hogar familiar.

“Valencia es la cuna del gigante español. Siempre lo habíamos tenido en casa. Mis padres me trajeron una parejita y empezamos a criar. Luego me enteré que estaba en peligro de extinción y eso nos ayudó a embarcarnos en esta aventura. Es muy gratificante”, cuenta Peset. El conejo gigante de España está incluido en el Catálogo Oficial de Razas de Ganado del ministerio como autóctona y amenazada. Uno de los núcleos más importantes de cría se encuentra entre los muros de este convento, implicado ahora en la conservación de la especie, que se encuentra en declive tras la introducción en los años 70 de las razas medias e híbridas que satisfacen la demanda a gran escala de la carne de conejo. “Ha dado de comer a muchas familias porque es un conejo con poco hueso y mucha carne y ha sido un animal que ha aportado mucho a la cultura española”, recuerda.