EL PAÍS acompaña a los agentes del Seprona en su búsqueda de venenos, que en los últimos meses han causado la muerte de al menos 665 animales, muchos de ellos protegidos

Una senderista realiza una ruta por las montañas que discurren entre Navacerrada y Cercedilla (Madrid), por un precioso paraje escarpado de la Sierra de Guadarrama. A lo lejos, entre árboles y riscos, ve una forma que le llama la atención. Se va acercando despacio y descubre lo que parece un águila muerta, por lo que decide llamar a la Guardia Civil. “He encontrado un águila muerta, está como agarrotada, tiene una posición muy poco natural”, les explica, y les pasa la ubicación. Esa operación del...

Seprona ocurrió hace unos días, pero los agentes realizan una reconstrucción este lunes para mostrar cómo actúan contra los cebos envenenados —prohibidos por ley— que en los últimos meses han causado la muerte de al menos 665 animales, muchos de ellos protegidos, como águilas imperiales, buitres negros y milanos reales.

Tras la llamada, dos agentes del Seprona acuden y examinan al animal. “Está en una posición extraña, podría ser un envenenamiento”, señala uno de ellos, Juan Lozoya. “Hay que darse una vuelta para ver si hay algún otro animal muerto por aquí cerca”, le dice a su compañero. La montañera les da sus datos y queda a su disposición por si tienen que hacerle preguntas. “La llamaremos para que nos amplíe la información”, le adelantan.