Confieso que he visto más conejos que políticos en los últimos días y eso me ha sentado de maravilla. Atravesar las tierras de Castilla y subir y bajar montañas leonesas y gallegas pedaleando rumbo a Santiago repara la mente y el alma, aunque no lo suficiente como para no entender lo que pasa. Porque, como nos enseñó Alicia en el país de las maravillas, seguir a un conejo y no a la cruda realidad se paga caro.
Por ello, entre tumbo y tumbo, entre caminos pedregosos y metas compartidas con peregrinos de carne y hueso que no están precisamente en TikTok, fue inevitable enterarse del nuevo escándalo de corrupción (Montoro) que ha puesto un sucio rumor de fondo al verano (otro). Y también del falso currículum de una política del PP (Noelia Núñez). Cuando una recorría el Bierzo, esta mujer tenía doble grado en Derecho y Ciencias Jurídicas; al llegar a O Cebreiro se había licenciado en Misuri; y al dejar atrás Portomarín era más bien profesora de universidad. Para cuando esta peregrina llegó a destino y besó al santo (es un decir), Noelia Núñez no solo había dimitido, sino que se había convertido en heroína. Un milagro a la altura de todos los que salpican el Camino.
Mientras Ábalos se ha pegado al escaño con Loctite, mientras Sánchez y Feijóo se muelen a garrotazos y la legislatura avanza peor que a trompicones, ella había renunciado. ¡Una valiente! Hasta Feijóo la alabó tanto que, por un momento, deseamos tener más políticos mentirosos y poder seguir presenciando el valor de sus renuncias. Lo que hay que oír. Gracias a Noelia Núñez nos hemos parecido a Alemania, donde a Merkel le dimitían ministros por cualquier cosa y aquí nos moríamos de envidia. Y es que el listón está tan bajo en España que dimitir se ha convertido en proeza. De hecho, una televisión la fichó ipso facto, Núñez es el nuevo referente moral.






