Médico de profesión pero política pura de vocación, vuelve a Andalucía en el momento cumbre de su carrera
María Jesús Montero se ha pasado la vida rompiendo techos de cristal y prejuicios. A su inédita acumulación de cargos, que sumaba ser la número dos del Gobierno y del partido, además de vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, negociadora jefa con Félix Bolaños y, junto a él, persona de máxima confianza del presidente, esta semana añadió uno aún más difícil: demostrar que una responsable de la caja puede ser una persona muy querida dentro del Consejo de Ministros.
Quien tiene la cartera de Hacienda siempre es el hombre o la mujer del no. La que frena todas las ansias de gastar de los ministros. La que paraliza proyectos, rechaza puntos de negociación económica con distintos sectores, impide aumentos de Presupuestos. Es casi imposible lograr lo que sucedió esta semana: que todo el Consejo de Ministros, incluidos los cinco miembros de Sumar, con los que ha tenido batallas políticas muy duras, aplauda emocionado a la ministra de Hacienda cuando deja el puesto en el momento cumbre de su carrera y con el máximo poder posible por debajo del presidente para ir a un puesto muy arriesgado, de mucho menos lustre: muy probablemente jefa de la oposición en Andalucía en el momento de mayor fortaleza del PP de Juanma Moreno.







