Un estudio revela que envían señales químicas para ser eliminadas, a diferencia de otros animales que ocultan su enfermedad para evitar exclusión
Un nuevo estudio ha documentado un nivel de altruismo sin precedentes en insectos sociales. En plena fase de transformación entre larva y adulto (denominada pupas), algunas hormigas obreras infectadas por un hongo emiten señales químicas para provocar su propia muerte a manos de sus compañeras. A diferencia de otros animales que ocultan su enfermedad para evitar agresiones o exclusión, estas crías solicitan su eliminación antes de propagar la enfermedad en el hormiguero.
El equipo de investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria, liderado por la ecóloga Erika Dawson, realizó una serie de análisis conductuales, químicos, inmunológicos y genéticos. De esta forma pudieron entender cómo, al ser infectadas por el hongo Metarhizium brunneum, mortal para insectos y otros artrópodos, las pupas obreras de Lasius neglectus incrementan la producción de hidrocarburos cuticulares, unos compuestos químicos que funcionan como una herramienta de comunicación.
La investigadora detalla cómo se sostiene todo este proceso: “Las hormigas están cubiertas de estas sustancias químicas que sirven, entre otras cosas, para evitar la deshidratación, pero también para comunicarse”. Todas las hormigas del mismo nido tienen un perfil similar, añade. Lo sorprendente para esta investigadora es que las pupas pueden modificar las cantidades de esos compuestos. Ese ajuste es suficiente para que las obreras detecten que una cría está infectada. “Es de esperar que existiera este comportamiento altruista. Si no dan la señal, existe el riesgo de que liberen esporas infecciosas y se produzca un brote epidémico”, subraya esta ecóloga.






