El estudio de gemas con varios seres en su interior permite recrear las interacciones entre diversas especies del pasado

Aunque hay muchos ámbares con algún ser vivo dentro, son menos los que incluyen dos o más seres vivos. Es el caso de un par de mosquitos atrapados en ámbar hace 130 millones de años que demostró que, a diferencia de ahora, entonces los machos también chupaban la sangre. Pero lo que es casi extraordinario es que en una d...

e estas gemas se encuentren varios organismos interactuando, ya sea uno comiéndose al otro, parasitándolo o cooperando. La nueva edición de la revista científica Frontiers in Ecology and Evolution expone no uno, sino seis de estas piedras en las que quedaron congeladas en el tiempo otras tantas escenas de la vida de hace millones de años.

El ámbar es una gema orgánica que, antes de serlo, fue una resina vegetal. Muchos árboles, como las coníferas, la exudan para curar sus heridas, cayendo como lágrimas por sus troncos y ramas. En su camino, arrastran ramitas, hojas y hasta flores. La flor más grande, por ejemplo, lleva atrapada en una de estas piedras 38 millones de años. También caen en esta sustancia tan pegajosa pequeños seres vivos. En 2020, se encontró un dinosaurio no más grande que un colibrí en una de estas trampas anaranjadas. Pero lo habitual es que se lleven consigo pequeños seres, artrópodos, caracoles, gusanos... Al caer en un depósito de agua o quedar enterrada, se inicia un proceso de polimerización que la convierte en copal, una sustancia aromática, más translúcida, y que con el paso de cientos de miles de años termina por mineralizarse por completo.