Cuando el biólogo Sergio Couto de la Universidad de Granada comenzó a buscar nidos olvidados de quebrantahuesos en el sur de España ―de donde la especie desapareció hace entre 70 y 130 años dependiendo de la región― no imaginaba que se iba a topar con un insólito museo de historia natural. Los habitáculos de este buitre comehuesos construidos hace cientos de años guardaban tesoros inesperados: una alpargata de esparto completa de hace siete siglos (finales del siglo XIII); un fragmento de piel curtida y pintada de la misma época que se asemeja a una máscara; un resto de cestería del XVIII; una flecha de una ballesta; cuerdas, aparejos para los caballos, hondas …, entre miles de trozos de huesos de ungulados que forman parte de su dieta o cáscaras de huevo. El estudio se ha publicado en la prestigiosa revista Ecology Ecological Society of America.

Un equipo de investigadores ha analizado 12 nidos abandonados de la curiosa necrófaga de dieta osteófaga (a base de huesos) y ha sometido algunas piezas a la prueba del carbono-14, que ha permitido datarlas. “Los quebrantahuesos acumulan generación tras generación objetos que usan como material de construcción o para tapizar el cuenco del nido y proteger a los pollos durante la incubación”, explica Antoni Margalida, autor principal del estudio e investigador del CSIC del Instituto Pirenaico de Ecología. Un comportamiento que diferencia a esta especie, que vive entre 20 y 30 años, de otras de buitres que regurgitan la comida y apenas acarrean material para construir el nido.