Un grupo de arqueólogos ha descubierto centenares de restos humanos de hace más de 5.000 años en una cueva de la ladera sur de Atapuerca (Burgos). No tendría nada de extraño, siendo la sierra burgalesa el yacimiento europeo más importante para el estudio de la prehistoria humana. Pero en este caso las osamentas presentan signos de “modificaciones antropogénicas”, como las llaman sus descubridores. Estos cambios no son otra cosa que marcas de que fueron descuartizados, desollados, eviscerados, asados y/o cocidos y comidos. Este evento de canibalismo, detallado como si fuera un informe forense en la revista Scientific Reports, no se debió, según sus autores, al hambre ni a un acto ritual de apropiarse de la esencia del devorado, sino que se trató de un acto de violencia contra un grupo vecino rival buscando su “eliminación metafísica”, en palabras de uno los científicos.

“Durante toda la prehistoria lo que encontramos son profesionales de la carnicería”, dice la investigadora del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA) y primera autora de la investigación, Palmira Saladié. “En este caso procesan los seres humanos igual que procesan los animales y los procesan intensivamente y los consumen de forma intensiva también”, añade.