En un sector a menudo invisible, donde los reconocimientos llegan con cuentagotas, iniciativas como los Premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles ponen luz sobre proyectos que trabajan desde el territorio y para el territorio. Entre los diez galardonados de esta séptima edición se encuentra Biobosch, una pequeña empresa familiar del Alt Empordà, en Girona, que ha convertido la manzana ecológica en una forma de entender la agricultura y la vida. Para Cristina Tersa, socia fundadora del proyecto junto a Joan Bosch, miembro de la cuarta generación de una familia dedicada a la agricultura, especialmente al cultivo de la manzana, el premio tiene un valor que va más allá del galardón. “Nos hace mucha ilusión, porque el nuestro es un trabajo que a veces recibe poco reconocimiento”, explica. Este tipo de distinciones aportan visibilidad y ayudan a situar en el mapa iniciativas que a menudo operan lejos de los grandes circuitos, pero también refuerzan un discurso: el de la importancia del mundo rural, de las pequeñas poblaciones y de las personas que trabajan en ellas.Los Premios BBVA destacan proyectos que trabajan desde el territorio y para el territorioBiobosch nace de una decisión que cambió el rumbo de la explotación familiar. En 2012, con el nacimiento de su primer hijo, la pareja apostó por transformar una producción convencional en ecológica. “Pensamos que las cosas se podían hacer mejor”, resume Cristina en conversación telefónica, interrumpida puntualmente para atender pedidos de manzanas. El paso no fue menor. La agricultura ecológica y, más tarde, la regenerativa, implican más trabajo manual, menor rendimiento y una incertidumbre constante. Pero también permiten trabajar con otra lógica, la de respetar los ciclos naturales y dejar un impacto positivo. Esta filosofía se concreta en dos fincas situadas en Sant Pere Pescador, dentro de los Aiguamolls de l’Empordà, y en Marzà, en el Alt Empordà. Espacios aislados para evitar contaminaciones externas, donde los manzanos crecen sin productos de síntesis química. Golden, Gala y Granny Smith son las tres variedades elegidas, no solo por su sabor, sino también por su resistencia y capacidad de conservación natural en cámaras de atmósfera controlada. Poner la tierra en el centroEl modelo productivo va más allá de la ecología certificada. Biobosch trabaja con criterios regenerativos que sitúan la tierra en el centro. “Intentamos integrar la naturaleza con la agricultura y que nuestro trabajo deje una huella positiva”, explica. Esto se traduce en prácticas como la reducción del uso de agua con sondas de control, la instalación de placas solares o la reutilización de residuos orgánicos para hacer compost. Incluso han introducido aliados naturales, como búhos o murciélagos, para combatir plagas de forma biológica. Biobosch potencia la proximidad y busca proveedores y trabajadores del entornoEste compromiso, sin embargo, tiene un coste. Producir en ecológico significa asumir una menor producción y, a menudo, una falta de reconocimiento en el mercado. “El esfuerzo no siempre queda compensado. Por eso, cuando te conceden un premio como el de BBVA es una gran alegría”, admite. Hoy, sin embargo, la comercialización es uno de los grandes retos, especialmente en el caso del producto fresco. Por este motivo, Biobosch ha optado por la flexibilidad: sirven tanto a pequeños comercios y artesanos, como pastelerías, como a industrias alimentarias, sin perder coherencia ni arraigo. Beneficiar el entornoLa proximidad es otro pilar del proyecto. Trabajan con proveedores y personas del entorno y evitan circuitos largos que desvirtúan el producto. “Intentamos que nuestro entorno se beneficie”, dice Tersa. En un municipio pequeño como Marzà, esta actividad ayuda a mantener el empleo, preservar el paisaje y no perder las raíces ni el conocimiento agrícola. El reconocimiento de los Premios BBVA también incluye la participación de los productos ganadores en una propuesta gastronómica vinculada a El Celler de Can Roca. Para Biobosch, más allá de la oportunidad, el deseo es sencillo: “Nos gustaría que dijeran que nuestra manzana es buena”, dice Cristina. Una afirmación que resume la esencia del proyecto: demostrar que detrás de un alimento cotidiano hay una forma diferente de producir, más exigente, pero también más coherente y saludable. En un momento en el que el precio a menudo pesa más que el valor, Biobosch reivindica otra mirada. La que pone el foco en lo que se come, en cómo se produce y en el impacto que tiene sobre el territorio. Iniciativas como los Premios BBVA contribuyen a hacer visible esta realidad y a reconocer un trabajo que empieza en la tierra y que, en este caso, termina en una manzana que explica mucho más de lo que parece.Premiados 2026Junto a la empresas catalana Biobosch, en esta edición han sido distinguidos Celega y PortoMuiños, de Galicia; Pago de La Jaraba, de Castilla-La Mancha; Arándanos El Cierrón, de Asturias; la Fundació Estel de Llevant, de Illes Balears; Agroganadera La Tagarnina, de Andalucía; Ledesma Global–TUNOCANARIAS, de Canarias; la Cooperativa Tararaina–Ecoradiz, de Aragón, y Entrepeñas,de Castilla y León.