Carla Pardo era una niña la primera vez que pisó la embotelladora en la que hoy trabaja; fue en una excusión escolar. Desde su pueblo, San Cristóbal de Segovia, se tardan apenas cinco minutos en coche hasta la fábrica, situada en Trescasas, y esa proximidad marca la diferencia en su día a día: “Es calidad de vida, un lujo que no se compensa con otras cosas”, confiesa esta joven de 32 años, responsable de Calidad de las dos plantas de Bezoya en la provincia de Segovia. La segunda también está cerca, a unos 25 kilómetros de distancia, en Ortigosa del Monte. La combinación ha supuesto que Pardo haya podido quedarse donde se ha criado; de hecho, acaba de comprarse una casa. Pardo no es una excepción. La mayor parte de la plantilla de estas dos embotelladoras está formada por vecinos de la zona. Su compañero Sergio Moreno (Otero de Herreros, 41 años) entró en la de Ortigosa del Monte hace 10 años por una baja, pasó a tener un contrato indefinido y escaló: “Empecé aprendiendo a manejar distintas máquinas y carretillas”, recuerda. Actualmente es jefe del equipo de Producción. “Si respondes bien, puedes ir creciendo”, explica. “Fue la mejor decisión de mi vida a nivel profesional”. Él también es de los alrededores, vive tan solo a cuatro kilómetros de su puesto de trabajo. “He nacido aquí y no me iría ni a Segovia capital. La tranquilidad, la naturaleza y la cercanía con los vecinos son fundamentales para mí”. Para Carla Pardo, “cada vez más personas pueden desarrollar una carrera profesional en un entorno rural gracias a la existencia de empresas con empleo sólido”. Su testimonio refleja una de las principales apuestas de Bebidas Bezoya, como subraya su director general, Sergio Bravo (Santander, 48 años): “Tenemos en las plantas 170 empleados y en la compañía somos 230 en total; es una plantilla muy estable a la que iremos incorporando más personas”. Los tres, Pardo, Moreno y Bravo, son el ejemplo de cómo el viaje del agua del manantial a los negocios o casas retiene el talento de los pueblos. Diseños innovadores y más sosteniblesEn embotelladoras como estas se necesitan, además, personas de muy distinta cualificación. Como afirman desde Bezoya, la empresa tiene dos objetivos: la sostenibilidad y la adaptación a las demandas de sus clientes. Como explica Bravo: “La sostenibilidad es un eje clave en Bezoya, y no solo la económica y social, también la medioambiental”. Esa gestión responsable está vinculada a la innovación y a crear nuevos productos, dos pilares que se refuerzan mutuamente. Por ejemplo, han renovado los formatos pequeños y medianos para que sean más ligeros, ergonómicos y sostenibles. Su opción de bag in box (una caja de cartón con dispensador) utiliza un 70% menos de plástico que una botella convencional de capacidad similar. Además, han lanzado la botella PI de 3,14 litros, diseñada con menos material que otras alternativas equivalentes. “Permite la comodidad de una garrafa, pero es fácil de almacenar, de servir y cabe en la nevera”, describe Bravo.