Cuenta en sus redes sociales Peter Mattis, antiguo operativo de la CIA y hoy director de la Fundación Jamestown, que la primera vez que conoció a un miembro del BND (la abreviatura de Bundesnachrichtendienst, el servicio federal de inteligencia de Alemania), este le dijo que el problema de cooperar con otras agencias es que estas "creen que somos un verdadero servicio de inteligencia y nos piden cosas que no podemos hacer". La anécdota da una idea de hasta qué punto los espías alemanes, por razones históricas, culturales y políticas, operan en un marco mucho más limitado que el de sus homólogos occidentales. El BND suele ser definido como un servicio herbívoro en un mundo de carnívoros. Por ejemplo, sus operativos carecen de potestad para espiar las comunicaciones de un objetivo extranjero, dado que la jurisprudencia alemana establece que los ciudadanos de otros países disfrutan de la misma protección a su privacidad que los alemanes. Si un individuo entra en Alemania, el BND debe cesar toda vigilancia y cederle esa competencia a la Oficina para la Protección de la Constitución (Bundesamt für Verfassungsschutz o BfV), el servicio de inteligencia interior, lo cual supone una pesadilla burocrática: no sólo hay que justificar muy bien por qué es necesario ese seguimiento, sino que además una gran parte de los datos personales debe ser omitida de la documentación. Con un personal de 6.500 personas y una sede central en Berlín inaugurada en 2019, más grande que la de la CIA en Langley, el BND es, ante todo, una agencia de recopilación, procesamiento y análisis de información sobre lo que sucede en el extranjero. Puede espiar, pero a diferencia de otros servicios como la CIA, el MI6 británico, la DGSE francesa o incluso el CNI español, el BND carece de un ala ejecutiva que pueda llevar a cabo acciones encubiertas, por no hablar de eliminar físicamente a alguien. TE PUEDE INTERESAR Además, sus actividades están supervisadas por hasta cuatro comités diferentes. "Como una agencia de inteligencia, tenemos que tener cuidado de no convertirnos en demasiado previsibles, o de otro modo nuestros enemigos sólo tienen que estudiar la legislación alemana para saber exactamente qué estamos haciendo", se lamentaba recientemente el portavoz del BND, Martin Heinemann. Esto está a punto de cambiar: Alemania se prepara para aprobar una nueva regulación que otorgará nuevos y amplios poderes a sus operativos de inteligencia, y que muchos, en el país de la Gestapo y la Stasi —la agencia soviética de inteligencia y represión durante la República Democrática de Alemania— ven con desconfianza. El proyecto de ley, publicado a principios de julio, deberá ser aprobado en el Bundestag (el Parlamento alemán) en otoño. Este año el gobierno ya ha incrementado su presupuesto un 25%, hasta alcanzar los 1.510 millones de euros, que se dedicará sobre todo a mejoras en áreas como la inteligencia artificial o el reconocimiento por satélites. TE PUEDE INTERESAR Hasta ahora, el malentendido sobre lo que los espías alemanes pueden o no hacer ha llegado incluso a la ficción: la exitosa serie de Netflix 'Unfamiliar', sobre una pareja de antiguos espías retirados que se ven obligados a volver a la acción por un asunto del pasado, también muestra a un BND cuyos operativos utilizan software de reconocimiento facial para rastrear objetivos, hackean la cámara integrada en un taxi o sacan la pistola con cierta ligereza en situaciones de riesgo. Acciones que en la vida real están prohibidas por la estricta legislación que regula la actividad de los servicios de inteligencia. El BND ha asesorado la serie, pero no ha tenido ningún poder decisorio sobre el producto final. El guionista, el británico Paul Coates, admite: "Definitivamente me tuvieron que decir varias veces que a los espías en Alemania no se les permitiría hacer algo. No sólo desde el BND, sino también mi propio productor". Ampliación de competencias La nueva legislación les permitirá llevar a cabo operaciones ofensivas —especialmente en el ciberespacio— con una mayor latitud a la hora de interceptar datos en internet y almacenarlos durante más tiempo, así como acceder al contenido de los mensajes y no exclusivamente, como hasta ahora, a los metadatos. Una de las nuevas propuestas sugiere que las autoridades alemanas puedan declarar una "situación especial de inteligencia" en caso de graves amenazas inminentes. "Se trata de una apuesta absolutamente necesaria. Tengamos en cuenta que el marco jurídico que regula las actividades de la comunidad de inteligencia alemana actualmente data de 1990", asegura Álvaro Cremades, profesor del Departamento de Seguridad y Defensa de la Universidad Nebrija y especialista en cuestiones de inteligencia. "Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero además esa ley fue promulgada en condiciones históricamente excepcionales, en las que había una transición a la democracia desde un régimen dictatorial en el cual sus servicios de inteligencia, la Stasi, habían tenido un papel claro en la persecución de cualquier tipo de disenso interno. Por tanto, fue una ley que desde entonces ya estaba muy pensada para que la inteligencia alemana estuviese restringida en sus actividades prácticamente por diseño", dice a El Confidencial. Los fallos de la agencia no han contribuido a mejorar su fama. En febrero de 2022, su exdirector Bruno Kahl tuvo que ser extraído de urgencia de Kiev tras el inicio de la invasión rusa de Ucrania, que el servicio no había previsto. Y en marzo de este mismo año, el exvicepresidente de la organización Arndt Freytag von Loringhoven cayó en un intento de 'phishing' a través de Signal. TE PUEDE INTERESAR Pero no todo son errores. El BND ha logrado algunos éxitos notables en campos como la inteligencia de señales, con el ejemplo de la legendaria operación conjunta con la CIA para vender material de comunicaciones criptográficas a estados de todo el mundo a través de la empresa suiza Crypto AG. Sin que los clientes lo supieran, sus mensajes supuestamente encriptados eran leídos por los espías alemanes y estadounidenses, y se calcula que en los años 80 hasta un 40% de todo el tráfico diplomático pasaba por estos terminales. En 2013, las filtraciones de Edward Snowden revelaron que el BND cooperaba estrechamente con EEUU en actividades de vigilancia electrónica dentro y fuera de Alemania. En fechas más recientes, el BND se ha apuntado tantos como la intercepción de conversaciones entre tropas rusas en Ucrania que probaban su complicidad en la masacre de Bucha. A ello contribuyen las instalaciones que la agencia mantiene en Pullach, cerca de Múnich, con capacidad para interceptar 1,2 billones de comunicaciones al día, en lo que durante años fue la primera sede del BND en la Alemania dividida de la Guerra Fría. Un mundo más peligroso El impulso para la reforma legislativa viene, en gran medida, de los cambios en el entorno internacional. En primer lugar, la creciente amenaza de Rusia, cuyos espías y saboteadores son tremendamente activos en suelo alemán, donde cada pocos meses se procede a la detención de algún agente o célula. "En los últimos años, desde la invasión rusa de Ucrania, pero también frente a las crecientes actividades de inteligencia por parte de la República Popular China, el que los principales actores antagonistas que aparecen en ese escenario estratégico sean estados con servicios de inteligencia verdaderamente sofisticados amerita que nuestras naciones dispongan de servicios de inteligencia y contrainteligencia adaptados a la naturaleza de esa amenaza”, indica Cremades. También pesan los bandazos de EEUU, que ha dejado de ser visto en Berlín como un socio fiable. Después de años de operaciones conjuntas entre la CIA y el BND, especialmente en el campo de la inteligencia de señales, la volatilidad norteamericana es percibida como una gran vulnerabilidad en este campo, hasta el punto de que el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, advirtió hace pocos meses que Alemania estaría "indefensa" sin la inteligencia proporcionada por los estadounidenses. TE PUEDE INTERESAR "La clave del asunto es que en las últimas dos décadas las normas para el BND se han ido estrechando, incluso aunque el mundo se haya vuelto más inestable y las amenazas a Alemania hayan crecido", señala un antiguo miembro del BND al diario Financial Times. "Hemos llegado a este punto de ruptura en el que o hacemos algo radical o realmente sufrimos las consecuencias", añade. "Precisamente en el nuevo anteproyecto de ley, lo que se viene a plantear en la declaración de intenciones es que, en el caso de que algún tipo de actividad en el ciberespacio en un determinado dispositivo detecte una ciberarma, la inteligencia alemana no debe limitarse a observar e informar, sino que también puede actuar para inhibir o mitigar el impacto de esa ciberarma", apunta Cremades. "El problema es que eso no se limita al ciberespacio, ya que la formulación, tal y como lo plantea, es muy amplia y se puede llevar a todo tipo de modalidades, lo que supone una importante ruptura en cuanto a la tradición más reciente del sistema normativo de la inteligencia alemana". Algo que inquieta a no pocos alemanes, y que asegura cierta oposición a la aprobación de esta nueva legislación tal y como está. "La ampliación de las facultades que van a recibir los organismos de inteligencia alemanes va a requerir al mismo tiempo nuevas formas y mecanismos de control para adecuar su funcionamiento al marco jurídico de un régimen democrático como es el alemán", sugiere Cremades. Esto, señala el experto, "debe ser el principal elemento que transmita tranquilidad: a diferencia de los servicios de inteligencia que actuaron en el pasado del país bajo regímenes totalitarios, en la actualidad Alemania tiene un gobierno democrático y sus servicios de inteligencia tendrán que estar sometidos a los principios fundamentales de cualquier democracia", concluye.