Europa experimenta una escalada en las operaciones de espionaje ruso, según el último informe de la Agencia de Seguridad Interna de Polonia (ABW), que revela un incremento notable.

Esta intensificación implica riesgos directos para la seguridad e integridad de infraestructuras críticas y procesos democráticos, como detalla la ABW en un documento.

Polonia es uno de los países que más insiste en la lucha contra el Kremlin por su proximidad geográfica con el país y su rivalidad con Putin.

La Dirección Principal de Inteligencia del Estado Mayor ruso (GRU) y el Servicio Federal de Seguridad (FSB) concentran el grueso de las operaciones, a través de varios grupos especializados.

Aunque históricamente el GRU se enfocaba en objetivos militares y el FSB en infraestructuras civiles, en los últimos tiempos ambos organismos ejecutan acciones transversales.