La incursión y el derribo de drones rusos en el espacio aéreo de Polonia ha recordado una vez más a Europa y a la OTAN, si es que fuera necesario, que la guerra está a sus puertas y que en cualquier momento las puede traspasar. La respuesta coordinada de la organización militar y de sus 32 miembros a la agresión del Kremlin no tiene precedentes. En la madrugada del martes al miércoles, por primera vez, varios aviones de países de la Alianza Atlántica han contraatacado, se han enfrentado a “posibles amenazas” y han derribado objetivos enemigos en el espacio aéreo aliado. Algo inédito, como ha confirmado la propia OTAN.

En la actuación contra los drones rusos sobre Polonia participaron cazas F-35 de Países Bajos junto a cazas F-16 de Varsovia, un avión italiano de alerta temprana AWACS y uno de reabastecimiento en vuelo de la flota de transporte multifuncional de la OTAN. También los sistemas de defensa antiaérea Patriot alemanes.

La Alianza Atlántica, de la que forma parte España, ha dejado claro que está preparada para responder. La réplica ha sido “muy medida”, según reconocen fuentes aliadas. Pero lanza un mensaje “robusto” al Kremlin al tiempo que evita males mayores.

Según ha anunciado el primer ministro polaco, Donald Tusk, tras hablar posteriormente de la situación con los líderes de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Países Bajos, Ucrania y la propia OTAN, todos han realizado “propuestas de apoyo concreto a la defensa aérea” de Polonia que han sido aceptadas. Faltaba en la conversación un mandatario clave, el estadounidense Donald Trump. De acuerdo con la Casa Blanca, este ha preferido tratar el incidente, sobre el que solo se ha pronunciado de manera críptica, con el presidente polaco, el populista Karol Nawrocki.