Juan Antonio Sandoval | Santander (EFE).- El toro jabonero de Juan Pedro Domecq que ha abierto el festejo, de pobres pitones, ha tenido poca entrega y Morante de la Puebla apenas ha podido gozarlo en las verónicas del saludo.

Morante no se ha demorado en quitarse de en medio al mulo que hizo cuarto, y en el último toro de la Feria, que mató por el percance de Marco Pérez, varios faroles luminosos y delantales plenos de embrujo han desatado la locura en Cuatro Caminos, que también ha celebrado con júbilo el galleo por Chicuelo.

Muleta en mano, el torero de La Puebla ha administrado verdaderas caricias que daban calambre, todas ellas de una despaciosidad electrizante, con el ‘juampedro’ deslizándose a milímetros del vestido de torear con su cadencioso paso, que el genio desatado del sevillano ha ligado con cercanía máxima y duende, y cuando se ha presentido una escandalera grande como fin del ciclo lo ha pinchado hasta tres veces.

El tercero ha disparado a diestra y siniestra taponazos sin estilo, y Aarón Palacio ha tenido el tino de extraer una serie de naturales de muleta arrastrada y gobierno lento, y se ha demorado con el estoque.

El diestro, Aarón Palacio, en su faena durante la última corrida de la Feria de Santiago de Santander. EFE/Pedro Puente Hoyos