Paula GosendeMar�a Santamar�a MadridActualizado Domingo,
julio
00:04"Las llamas estaban cada vez m�s cerca, no sab�a qu� me iba a encontrar ni qu� hacer con los animales", relata Carlos Bernad a EL MUNDO al revivir el p�nico que se apoder� de su finca pasadas las 23.00 horas del viernes pasado. Con el humo avanzando sobre las cuadras de la Sierra Oeste y la certidumbre de que hab�a que huir, su reacci�n inmediata fue coger el tel�fono. "Empec� a hacer llamadas desesperadas a ver d�nde podr�a llevarlos", recuerda. Una de esas peticiones de auxilio acab� al otro lado de la l�nea con su amiga Diana Mars�, propietaria del centro ecuestre Emiralia, en el municipio de Villanueva de la Ca�ada.Diana, junto a su hermana Marta, no dud� en ofrecer un espacio seguro para el ganado de Carlos Bernad. A partir de ese momento, todo el equipo de la finca decidi� volcarse por completo abriendo las puertas de sus instalaciones a quien lo necesitara: "Avisamos por todos los grupos de mensajer�a, por redes sociales, a veterinarios...", cuenta una de las hermanas sobre el despliegue para facilitar transporte, suministros y establos a cualquier caballo en peligro.Cerca de la medianoche comenzaron a sonar las primeras alertas y, poco despu�s de la una de la ma�ana, los furgones hac�an su entrada en el recinto. "A nuestras instalaciones han llegado 31 caballos de diferentes lugares. Ven�an muy alterados, relinchando como locos", recuerdan.Como ellas, cientos de particulares y profesionales han puesto sus medios a disposici�n de las familias afectadas para acoger a los animales del conjunto de municipios desalojados desde el inicio de los incendios que, al igual que Bernad, son muchos. Por su parte, en recintos de gran capacidad como el Club de Campo Villa de Madrid, lograron poner a salvo a cerca de 200 ejemplares en las primeras horas.Mover a un animal de 500 kilos rodeado de humo y en plena oscuridad entra�a una enorme dificultad. "Los caballos son un caso muy singular porque pesan much�simo. Hay bastantes nervios, prisas y hay que reaccionar r�pido. Unos suben bien al remolque y otros se bloquean", explica Carlos Bernad sobre la compleja evacuaci�n que afront� en la zona golpeada.A la agitaci�n de las cuadras se sumaron los colapsos en las carreteras. La r�pida evoluci�n de las llamas oblig� a la Guardia Civil a cortar los accesos secundarios para dar prioridad a las brigadas de extinci�n, complicando el trayecto de los veh�culos de transporte. "Llevaba agua en el coche por la noche y un agente me dijo que no pasaba de ninguna manera. Le pregunt� c�mo se la hac�a llegar a los animales y me dijo: 'Solo puedes ir caminando'", lamenta una de las personas que se ha desplazado a los pueblos para ayudar a evacuar.A pesar de la tensi�n, la convivencia en los prados de acogida ha sido ejemplar. "La ventaja es que la mayor�a son animales de tanda, acostumbrados al contacto humano y a los ni�os. Si no, resultar�a imposible juntar en un mismo recinto a tantos ejemplares que no se conocen entre s�", se�alan.Sin embargo, la huida desesperada dej� secuelas severas en algunos casos. De madrugada ingres� en la finca una potra de apenas tres a�os en estado cr�tico, con lesiones f�sicas previas que se agravaron con el desastre: la cadera rota, m�ltiples heridas, sucia y con las extremidades muy da�adas. En la explotaci�n de origen, devorada por el fuego, un cuadro cl�nico tan grave abocaba irremediablemente al sacrificio del animal.Pero la evacuaci�n termin� por convertirse en un golpe de fortuna. El equipo de Emiralia decidi� intervenir para frenar ese tr�gico desenlace. "Nos lleg� hecha un poema, con las patas reventadas y sufriendo horrores. La vimos y lo tuvimos claro: 'Esta se queda aqu� porque necesita cuidados intensivos'. No pod�amos permitir que la sacrificaran", recuerdan mientras la ven jugar en una zona apartada del recinto, acondicionada para evitar que el resto de caballos se meta con ella por estar maltrecha.Marta y Diana no dudaron en asumir su adopci�n para volcarse en su recuperaci�n. Como s�mbolo de esta nueva oportunidad, le han puesto temporalmente el nombre de Dese, acortando el nombre con el que figuraba en su registro, Deseada, y convertirlo en algo m�s personal.As�, una tragedia provocada por el fuego se ha transformado en una historia de supervivencia, con el rescate de Dese como el gran faro de esperanza entre la ceniza.
















