Fueron solo 15 minutos. En ese tiempo pasaron de divisar las llamas en la distancia a pensar que morían todos. Los vecinos de A Caridade, una aldea del municipio de Monterrei (Ourense) habitada por una treintena de personas, llevaban un día viendo arder el monte. Sobre las tres de la tarde de este miércoles, cambió el viento y en apenas un cuarto de hora “lo teníamos dentro del pueblo”, explica Begoña aún horrorizada. Salieron corriendo de sus casas, pero fue imposible huir del pueblo porque dos frentes de fuego los cercaban. Pilar, de 77 años, telefoneó a su hermana que vive en Pontevedra: “Reza por mí porque vamos a morir todos abrasados”.
Desesperados, llamaron repetidamente al 112 pidiendo medios aéreos, pero nadie los asistió. Begoña arrastró pueblo arriba a sus padres, de 78 y 67 años y delicados de salud. Él se resistía a abandonar la vivienda, quería coger una manguera para defenderla. “Fue angustioso. En ese momento no pensaba en nuestras casas, pensaba en nuestras vidas”, dice su hija. “Entiendo que hay muchos incendios y están desbordados, pero estaban en riesgo nuestras vidas. Tenía que haber venido alguien”. Las primeras casas que ardieron en A Caridade pararon ese primer gran susto.








