�Despu�s de lo que ha pasado, no me siento seguro aqu� y no soy el �nico�, cuenta a EL MUNDO Trist�n Cau, vecino de B�dar, el pueblo en el que se encontraban las trece v�ctimas mortales del incendio que se origin� en Los Gallardos. Es tambi�n uno de los muchos vecinos que dicen que no se enter� de que estaban evacuando la localidad y que describe como �ca�ticas� las primeras horas tras decretarse la alarma.A pesar del esfuerzo de los voluntarios, de los concejales o de los alcaldes que, como el de B�dar, �ngel Collado, fueron puerta por puerta avisando del desalojo, hay vecinos que aseguran no haber recibido ninguna informaci�n ni de lo que ten�an que hacer ni de a d�nde se ten�an que dirigir tras dejar sus casas.En el caso de B�dar, situado en medio de la sierra, la salida del municipio es estrecha y muchos de los desalojados se vieron atrapados en mitad de un atasco, obligados a cambiar de direcci�n o a conducir en medio del humo y las llamas por rutas que desconoc�an. Algunos, como Jeffrey y Christine Kember se perdieron y otros tantos terminaron por dormir en el coche porque no sab�an a d�nde ten�an que dirigirse.Trist�n sigui� la evoluci�n del incendio desde la terraza de su propia casa en el casco urbano de B�dar, cuenta a este diario mientras muestra algunas de las fotos y v�deos que �l mismo realiz� para documentar el avance del fuego.El incendio comenz� sobre las 16.30 horas del jueves cerca de lo que los locales conocen como �la casa de Anita� y lleg� r�pidamente hasta algunas viviendas y diseminados del t�rmino municipal de B�dar, que tuvieron que ser desalojados. Entre ellos, El Albarico, Los Pinos y Serena. En un momento dado y cuando ya pod�a ver el fuego desde su terraza, �hubo una explosi�n fort�sima y salieron llamas s�per altas. Las chispas saltaron como meteoritos en todas direcciones y en cinco minutos el pueblo estaba rodeado de llamas por todos lados�, relata.Las llamas estaban muy cerca -a�ade- �pero nadie nos avis� y en la calle en la que �l vive, la mayor�a de los vecinos permanecieron en sus casas, asegura.A Christine y Michael Chard, fallecidos en el siniestro, s�los conoc�a de vista. Con Pedro Rodr�guez -hasta el momento el �nico espa�ol fallecido en el incendio- y su mujer, Ana Sims, �ten�a m�s trato� ya que acud�a a su finca con regularidad para encargarse del mantenimiento de la piscina, explica.Siempre so�� con reunir algo de dinero y poder comprar una de esas bonitas casas que de un tiempo aqu� pueblan las colinas de zonas por las que �antes nadie se interesaba y ahora est�n de moda� como las de Las Yeseras o El Curato, en las inmediaciones de Sierra Cabrera, donde los Chard y los Rodr�guez-Sims hab�an construido �con mucho esfuerzo� su hogar. Hoy ya no lo tiene tan claro. �Se me han quitado las ganas de golpe�, comenta.El fuego empez� a doce kil�metros de las casas del paraje de El Curato y lleg� hasta ellas en poco m�s de una hora y media, explica Trist�n, por lo que a su juicio �es imposible que avisaran a todo el mundo. No te da tiempo a ir casa por casa�, dice se�alando la de los Rodr�guez-Sims.El incendio y la muerte de varias personas a las afueras del pueblo, unos veraneantes y otros residentes, es el tema de conversaci�n en la mayor�a de los corrillos desde que se conoci� la tragedia. �El que no conoce a alguien afectado, lo ha sido �l mismo�, dice Trist�n, que insiste en que varios de los clientes para los que trabaja �no fueron avisados y se marcharon porque vieron las llamas�.La versi�n que ofrece este hombre, que lleg� a B�dar con 13 a�os y hoy tiene 27, y la que refiere respecto a sus clientes coincide con la que ha dado Thomas-Wolf, hijo de Stanislas Verdonckt, un ciudadano belga de 63 a�os que pereci� en la rambla de la muerte, y tambi�n con la que ha ofrecido Jerome Navarro, el �nico superviviente de los que quedaron atrapados en un camino de tierra sin salida en El Curato.Thomas-Wolf explic� en una entrevista a Reuters que hab�a hablado con su padre minutos antes de que huyera y asegura que ni Stan ni el grupo de personas con el que se encontraba recibieron orden de evacuaci�n o aviso para permanecer en la vivienda. �No desobedecieron ninguna orden porque nunca recibieron ninguna�, afirma en declaraciones a la agencia de noticias francesa.En t�rminos similares se ha manifestado Jerome, que si bien logr� salvar la vida al saltar por un barranco, ha perdido en el incendio a su mujer, Stephanie, quien opt� por ir con sus perros en el coche.El alcalde de B�dar, varios concejales y otros tantos bedarenses como Mat�as, adem�s de polic�as y agentes de la Guardia Civil, se echaron a la calle para avisar a sus vecinos del riesgo del fuego e instarlos a evacuar el pueblo y ponerse a resguardo. Lograron llegar hasta pedan�as y diseminados y los vecinos se lo agradecen, dice Juan Francisco mientras toma un caf� y charla con otros parroquianos en el bar de Antonio.Jeffrey y Christine Kember, jubilados londinenses residentes en Los Pinos de B�dar. Durmieron en el coche.E.G.Pero en el pueblo hay muchas viviendas aisladas a las afueras, alrededor de 200, y la mayor�a con un acceso dif�cil a las que �seguro que les fue imposible llegar�, dice otro.�Hicieron lo que pudieron con los medios que ten�an y nadie les puede echar en cara que no llegaran hasta la �ltima casa, pero tampoco es de recibo que haya quien culpe a los propios muertos de desobedecer o de confundirse de camino cuando estaban en mitad del fuego�, a�ade un tercero.Tras saberse de las muertes, las autoridades se apresuraron a indicar que los fallecidos no hab�an hecho caso de las advertencias oficiales y que perecieron porque escogieron una v�a equivocada que los llev� a un camino de tierra sin salida.Tambi�n han insistido las autoridades en que no habr�a sido conveniente enviar un Es-Alert porque su env�o habr�a causado un caos mayor. La pol�mica est� servida. Los vecinos de B�dar valoran el esfuerzo de su alcalde, pero no entienden que haya quien se�ale a los que han perdido la vida y no se pueden defender de ser imprudentes y de no tomar la mejor decisi�n en un momento de angustia y nerviosismo.Los cambios en la direcci�n del viento y la fuerza con la que soplaba hicieron de este un incendio muy r�pido y en muchos de los n�cleos urbanos afectados, los desalojos se convirtieron en un caos. Los Kember son testigos de ello. Este matrimonio de jubilados londinense estaba viendo la televisi�n en su casa en Los Pinos cuando oyeron una alarma que los alert�. Salieron a toda prisa, cada uno en su coche. Christine se llev� a sus tortugas pero se olvid� el m�vil. Se perdieron de vista y se separaron. Jeff se vio conduciendo entre humo negro, ceniza y llamas y Christine termin� abandonado su veh�culo para ir con un vecino a buscar a su marido. �Nadie nos dijo hacia d�nde ten�amos que ir�, dicen, as� que una vez que se encontraron terminaron pasando la noche en el coche. No fueron los �nicos, muchos extranjeros, ajenos al idioma y sin informaci�n de primera mano, se vieron pernoctando en su autom�vil la primera noche.