El cambio pol�tico en Hungr�a avanza por un campo de minas. La �ltima explosi�n se produjo esta semana, cuando la Fiscal�a registr� los servidores del centro de datos que alberga la infraestructura inform�tica de Fidesz, el partido con el que Viktor Orban gobern� el pa�s durante diecis�is a�os. El antiguo primer ministro respondi� con una "Declaraci�n de Resistencia", en la que asegur� que Hungr�a vive ya bajo un "nuevo r�gimen autoritario", afirm� que "todo ciudadano tiene derecho a levantarse contra la arbitrariedad" y anunci� que Fidesz utilizar� "todos los medios pac�ficos, dentro y fuera del Parlamento" para oponerse al nuevo poder. "A partir de hoy, nuestra misi�n es restaurar el Estado democr�tico de derecho", proclama el manifiesto.La Fiscal�a mantiene bajo secreto el alcance de la operaci�n, que oficialmente gira en torno al Fondo Nacional de Cultura. Los investigadores sospechan que desde diciembre de 2024 el Gobierno de Orban concedi� 1.079 subvenciones por m�s de 43 millones de euros al margen de los procedimientos legales. Pero la incautaci�n de los servidores de Fidesz apunta a un alcance potencial mucho mayor y ayuda a explicar el llamamiento de Orban a la resistencia frente a un Gobierno "tirano" que, a su juicio, pretende expulsar a su partido de la vida pol�tica h�ngara.Respaldado por una mayor�a de dos tercios en el Parlamento, P�ter Magyar ha emprendido una revisi�n del entramado institucional, econ�mico y patrimonial heredado de Orban. No s�lo porque prometi� poner fin a lo que define como el saqueo del patrimonio p�blico durante los gobiernos de Fidesz, sino porque la normalizaci�n de las relaciones con Bruselas depend�a en gran medida de ello. Esa mayor�a le ha permitido modificar la Ley Fundamental, renovar instituciones y abrir investigaciones que ning�n Ejecutivo anterior habr�a podido impulsar con la misma facilidad.La primera gran pieza en caer fue la Presidencia de la Rep�blica. La mayor�a de Tisza impuls� una reforma constitucional que puso fin anticipadamente al mandato de Tam�s Sulyok. Elegido por Fidesz apenas un a�o antes para un mandato de cinco a�os, el presidente termin� promulgando la ley que pon�a fin a su propio mandato, no sin un intenso pulso institucional y denuncias ante la Comisi�n de Venecia. La reforma alcanz� tambi�n al Tribunal Constitucional y abri� la renovaci�n de otras instituciones.Para el nuevo Gobierno, se trata de recuperar los contrapesos del Estado y desmontar una red de poder que no descansaba s�lo sobre las instituciones, sino tambi�n sobre un complejo entramado econ�mico y patrimonial dise�ado para preservar la influencia de Fidesz al margen de los resultados electorales.Seg�n documentaci�n oficial publicada por varios medios h�ngaros, entre 2019 y 2021 el Gobierno de Orban transfiri� gratuitamente universidades p�blicas, edificios, terrenos y participaciones empresariales a fundaciones privadas controladas, en numerosos casos, por ministros y personas pr�ximas a Fidesz. Oficialmente, el objetivo era garantizar la estabilidad de universidades y centros culturales; para la oposici�n, aquellas cesiones colocaron una parte del patrimonio p�blico fuera del alcance de futuros gobiernos.El ejemplo m�s significativo fue el Mathias Corvinus Collegium (MCC), la gran cantera de las �lites conservadoras. La fundaci�n recibi� una participaci�n del 10% de la petrolera MOL, hoy valorada en m�s de mil millones de euros, adem�s de otros activos p�blicos. A su alrededor crecieron programas educativos, proyectos culturales y redes de formaci�n que durante a�os alimentaron el ecosistema pol�tico e intelectual de Fidesz.El mismo modelo se extendi� a la ense�anza superior. Desde 2019, la mayor�a de las universidades p�blicas pas� a manos de fundaciones de inter�s p�blico dirigidas, en numerosos casos, por personas pr�ximas al partido de Orban. Al situar al frente de sus patronatos a ministros, antiguos altos cargos y figuras vinculadas a Fidesz, con amplias competencias sobre presupuestos, nombramientos y patrimonio, esas instituciones quedaban blindadas incluso ante un cambio de gobierno. Bruselas cuestion� ese modelo por los conflictos de intereses que planteaba y dej� a 21 universidades h�ngaras fuera de los nuevos programas Erasmus+ y Horizonte Europa.Ese es ahora uno de los principales frentes abiertos por Magyar. El Gobierno ha ordenado revisar las transferencias patrimoniales realizadas durante la etapa de Orban y estudia f�rmulas para recuperar activos que considera indebidamente desvinculados del Estado. Las investigaciones avanzan por expedientes distintos, pero todas terminan tirando del mismo hilo: el destino del patrimonio p�blico, las subvenciones y las estructuras econ�micas creadas durante los a�os de Fidesz.Ese mismo patr�n aparece en otra de las investigaciones m�s sensibles: las fundaciones vinculadas al Banco Nacional de Hungr�a. La Oficina Estatal de Auditor�a detect� una red de empresas y fondos privados que gestionaba activos p�blicos por unos 1.270 millones de euros. La Polic�a y la Fiscal�a registraron varias entidades e intervinieron dinero y valores, mientras el antiguo gobernador del banco central, Gy�rgy Matolcsy, niega cualquier irregularidad. La investigaci�n deber� aclarar c�mo se administr� ese patrimonio y si parte de esos recursos termin� alimentando estructuras ajenas al control p�blico.Ninguna de estas investigaciones naci� vinculada a las dem�s. Sin embargo, todas terminan convergiendo sobre los mismos centros de poder levantados durante los a�os de Orban. Las pesquisas alcanzan ya a las instituciones, las fundaciones, las universidades, el patrimonio p�blico, las subvenciones culturales, los fondos financieros y, ahora, la propia infraestructura inform�tica de Fidesz. Es la primera vez que un Gobierno intenta revisar de manera simult�nea los principales pilares del sistema construido por el antiguo primer ministro.No es una coincidencia. Buena parte de las reformas impulsadas por Orban desde 2010 persegu�an limitar los efectos de una eventual derrota electoral. La Constituci�n, las instituciones independientes, las fundaciones de inter�s p�blico, el sistema universitario y parte de los grandes activos econ�micos quedaron vinculados a personas de confianza de Fidesz mediante mecanismos legales concebidos para mantener su influencia durante a�os, incluso desde la oposici�n. Ese contexto explica la dureza de la respuesta de Orban. En su "Declaraci�n de Resistencia", el antiguo primer ministro presenta el momento pol�tico como una confrontaci�n entre dos modelos de pa�s.El giro hacia Bruselas ha sido recibido con un alivio apenas disimulado en las instituciones europeas tras a�os de enfrentamiento con Orban. El deseo de pasar p�gina ha llevado a la Comisi�n Europea a abrir la puerta al desbloqueo gradual de alrededor de 16.000 millones de euros que permanec�an congelados, aunque condicionado este al cumplimiento efectivo de las reformas del Estado de derecho.P�ter Magyar ha aprobado ya el paquete legislativo exigido, especialmente en materia de independencia judicial, pero el desembolso no ser� autom�tico. Antes de que concluya agosto deber� acreditar ante la Comisi�n el cumplimiento efectivo de los hitos comprometidos, que Bruselas verificar� antes de autorizar los pagos. Pese a ello, Magyar ya presenta ese acercamiento como uno de los primeros �xitos de su Ejecutivo y como la prueba de que Hungr�a ha recuperado la confianza de sus socios europeos.Magyar asegura haber desbloqueado en apenas dos semanas el contencioso con Kiev sobre los derechos de la minor�a h�ngara de Transcarpatia, formada por unas 150.000 personas, un conflicto que durante a�os marc� las tensas relaciones entre Viktor Orban y Volodimir Zelenski. Seg�n Budapest, existe ya un acuerdo t�cnico que podr�a servir de base para normalizar las relaciones bilaterales. Sin embargo, ese avance sigue pendiente de traducci�n pol�tica: no se ha formalizado ning�n acuerdo, tampoco se ha celebrado la reuni�n con Zelenski que Magyar hab�a anticipado y Hungr�a mantiene, por ahora, sus reservas sobre la eventual adhesi�n de Ucrania a la Uni�n Europea.Algo similar ocurre con el Grupo de Visegrado, fracturado por las profundas discrepancias surgidas a ra�z de la guerra. El cambio de tono es evidente.Cuando a�n no se han cumplido los primeros cien d�as de Gobierno, Magyar sigue en luna de miel con el electorado. Las �ltimas encuestas se�alan que entre el 55% y el 67% de los h�ngaros consideran que el pa�s avanza en la buena direcci�n y la satisfacci�n con la gesti�n del Ejecutivo ronda el 62%. En intenci�n de voto, Tisza mantiene una ventaja muy amplia sobre Fidesz. Las principales preocupaciones de los ciudadanos vuelven a centrarse en la sanidad, la educaci�n, la recuperaci�n econ�mica, la lucha contra la corrupci�n y la normalizaci�n de las relaciones con la Uni�n Europea.Lo sorprendente de la actuaci�n del nuevo Gobierno h�ngaro es la rapidez con la que Magyar ha comenzado a intervenir sobre el sistema heredado de Orban, si bien tiene una explicaci�n biogr�fica. Magyar form� parte del espacio pol�tico y administrativo que ahora pretende revisar y conoce desde dentro los mecanismos con los que Fidesz extendi� su influencia sobre las instituciones, las empresas p�blicas y las fundaciones. Esa experiencia le permite identificar los puntos m�s vulnerables del sistema, pero alimenta tambi�n las dudas sobre la profundidad del cambio. Magyar no propone abandonar el nacionalismo conservador ni varias de las l�neas rojas defendidas por Orban; pretende separar esa tradici�n pol�tica de la red de intereses construida alrededor de Fidesz y presentarla como plenamente compatible con la pertenencia de Hungr�a a la Uni�n Europea.Esa es tambi�n la lectura del polit�logo Zsolt Enyedi. En una tribuna publicada en EL MUNDO, sostiene que la fortaleza de Magyar no reside en combatir el sentimiento nacional que Orban convirti� en la columna vertebral de su proyecto pol�tico, sino en desligarlo del entramado de poder construido durante diecis�is a�os alrededor de Fidesz. En buena medida, esa ser� la prueba de la nueva etapa pol�tica h�ngara: demostrar que es posible desmontar el sistema levantado por Orban sin romper con la mayor�a social que durante a�os lo sostuvo.
Hungr�a acelera el desmontaje del 'Estado-partido' que cosi� Orban
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