El ultraconservador Viktor Orbán, el líder cuyo sistema de gobierno corrupto alarmó a la UE por su deriva antidemocrática, ha afirmado este miércoles que Hungría se ha convertido en “un régimen autoritario”. El martes, la Fiscalía registró la sede donde su partido, Fidesz, alojaba sus centros de datos, y se incautó de los servidores y hoy ha presentado su dimisión el fiscal general del Estado, Gábor Bálint Nagy, nombrado por el ultranacionalista. El nuevo primer ministro, Péter Magyar, que se encuentra inmerso en un proceso de transición democrática exprés para enterrar la era anterior, ha celebrado la marcha de “otro títere de Orbán que obstaculizaba el cambio de régimen”. “Señoras y señores, ¿quién será el próximo?“, ha dicho en redes sociales en su habitual tono desafiante.Los medios húngaros informan de que la Fiscalía ha realizado varias detenciones y registros en el marco de una operación sobre “malversación de fondos y otros delitos” del Fondo Nacional de Cultura durante el Gobierno de Orbán. Según Telex, los investigadores sospechan de que desde diciembre de 2024, se aprobaron de forma fraudulenta 1.079 subvenciones por un importe total de 17.000 millones de forintos (casi 47 millones de euros). La corrupción del entorno de Fidesz y Orbán fue uno de los principales motivos, junto al deterioro del Estado de derecho, por los que la Comisión Europea congeló miles de millones de euros de fondos a Hungría. Más de 16.000 millones permanecen bloqueados y el nuevo primer ministro acelera su agenda reformista para acceder a ellos cuanto antes. Magyar, que en abril obtuvo una victoria histórica para revertir los 16 años de mandatos consecutivos de Orbán y su captura del Estado, tiene entre sus prioridades la lucha contra la corrupción y la eliminación de los altos cargos en los que se sitúan personas afines a Fidesz. El pasado fin de semana, el ya expresidente Tamás Sulyok, se vio obligado a firmar una reforma de la Constitución que supone su destitución. La enmienda también implica el cese del presidente del Tribunal Constitucional, al recuperar los 70 años como edad de jubilación de los jueces del alto tribunal. Orbán, que en los últimos días se encontraba en Estados Unidos viendo el Mundial de fútbol y desde su derrota electoral mantenía un perfil relativamente bajo, publicó el martes por la noche en Facebook una “declaración de resistencia”, en la que llamó a la ciudadanía a “enfrentarse a la arbitrariedad”. “A partir de hoy, nuestra misión es restaurar el Estado democrático de derecho”, afirmó el político al que el expresidente del Consejo Europeo, Jean-Claude Juncker, llegó a llamar “dictador” hace una década. El líder nacionalpopulista comparó las medidas emprendidas por el Gobierno de Tisza, el partido de Magyar, con las décadas de ocupación alemana y soviética. “Una vez más, ha comenzado una era de gobierno autoritario en el país”, dijo. Este miércoles, en una comparecencia ante la prensa, Orbán denunció la operación con la que la fiscalía ha requisado los datos y las comunicaciones digitales de su partido. Para Orbán, se trata de “una maniobra diseñada para impedir actuar al adversario [político] y acosarlo”. El fiscal general era uno de los altos cargos a los que Magyar dio de plazo hasta el 31 de mayo para dimitir nada más ganar las elecciones el 12 de abril. En el escrito en el que informa de su renuncia, que será efectiva a finales de agosto, Nagy argumenta que no quiere formar parte de un conflicto “basado en acusaciones infundadas y al servicio de intereses políticos”. “El funcionamiento y la independencia de la Fiscalía no deben verse perjudicados bajo ninguna circunstancia por las luchas inmorales y políticamente motivadas que se han desarrollado en torno al fiscal general”, denuncia. Líderes de la ultraderecha europea han manifestado su solidaridad con Fidesz tras los registros y de paso, han acusado a la Unión Europea de doble rasero. Marine Le Pen, líder del Reagrupamiento Nacional francés, ha publicado en X: “Las violaciones del Estado de derecho se multiplican en Hungría con la bendición de quienes se consideran parte del ‘bando del bien’. La democracia, sin embargo, no tiene bandos. Tiene simplemente reglas, y el nuevo primer ministro húngaro, protegido por la Comisión Europea, las está pisoteando”.Matteo Salvini, vice primer ministro italiano y presidente de la Liga, ha considerado “grave” y un “mal precedente”, lo que está sucediendo en Hungría. En un mensaje en la misma red social ha criticado “el ensordecedor silencio por parte de Bruselas”.
Orbán califica Hungría de “régimen autoritario” tras la incautación de servidores con datos de su partido
El fiscal general del Estado dimite y Péter Magyar lo celebra: “El país se ha librado de otro títere”











