Que nos quiten lo bailaoEn Lekeitio, una madre del pueblo se acerca con sus hijos de unos cinco y siete a�os y compra dos camisetas de Argentina, se las pone ah� mismo y los manda a jugar a la plaza mientras se termina su marianito. Esa noche Espa�a gana la final Santi R�os en el Piperren Txokoa, en Bilbao.Actualizado Viernes,
julio
23:59Audio generado con IA1. El proveedor de felicidadDicen que los mejores amantes son aquellos que obtienen su placer de dar placer, es decir, de observar en la cara y la voz de otra persona los efectos turbadores que provocan sus artes amatorias. Al cocinero Santi R�os, alias Piper, le pasa lo mismo con sus clientes. Nada parece darle m�s placer que comprobar c�mo una cococha a la plancha ilumina las caras con gestos de disfrute y produce gemidos golosos en los comensales. Parece que es �l quien saborea lo que uno tiene en su boca.Piper vive en el asombro perpetuo que le causan los productos que entran en su peque�a cocina, y donde otros chefs vienen a interrumpir la conversaci�n con un relato preparado sobre la elaboraci�n de un plato estrella, �l aparece para decirte: ��Has visto qu� pedazo de salmonete?�. Observa cada animal marino como si fuera la primera vez que lo viera. Y no es f�cil encontrar piezas como las que este hombret�n de Ond�rroa maneja en Piperren Txokoa, el restaurante con hechuras de txoko que acaba de trasplantar desde Mutriku -pueblo al que sus fieles peregrin�bamos todos los a�os- hasta Bilbao.Son solo tres: �l, su mujer y su hija. Aqu� fui el jueves con mi primo Aletxu, que tiene a su hija en el hospital con una neumon�a que tard� en diagnosticar, porque cre�an que no era m�s que el agotamiento t�pico de una adolescente reci�n llegada del Interrail. Aletxu le cuenta que estamos celebrando que la ni�a acaba de salir de la UCI, y le pide que nos seleccionara uno de los cientos de champanes raros de su carta. �l se estremece cuando oye lo de la neumon�a. �Diecisiete d�as estuve en coma por una neumon�a en el Covid, luego me dio un trombo y tuve un infarto. Casi la palmo�. Mi primo le pregunta qu� hizo para recuperarse. �Volver a la cocina en cuanto sal� del hospital y ponerme con lo �nico que s�: hacer disfrutar a los dem�s�. Acto seguido Piper nos sac� unos percebes de un tama�o tan monstruoso que cre�mos estar haci�ndole una felaci�n al mism�simo Poseid�n.2. La proveedora de melancol�aSoulay es un senegal�s alto y corpulento que pertenece a la tribu wolof, comerciantes de raza con un talento para vender que les emparenta con Amancio Ortega. En Lekeitio, donde nadie usa polos o camisas, hall� un fil�n inagotable con la venta de camisetas de f�tbol. Se pasea a la hora del verm� por las terrazas de la plaza con un carrito, despachando en una mezcla de euskera y castellano. Mi sobrina Olguita, que vive en Carolina del Sur, le pidi� una camiseta de Espa�a el d�a de la final. Soulay, que tiene el algoritmo de venta bien afinado a la demanda local, solo tiene de la selecci�n palestina, la de Euskadi (la lleva puesta) y la de Argentina, pero le dice a Olguita que puede conseguirle una el lunes. Ella le mira con decepci�n.Una madre del pueblo se acerca con sus hijos de unos cinco y siete a�os y compra dos camisetas de Argentina, se las pone ah� mismo y los manda a jugar a la plaza mientras se termina su marianito. Esa noche Espa�a gana la final y las calles del pueblo quedan vac�as. Reina un silencio m�s propio de febrero. No puedo evitar imaginar ahora a esos ni�os viendo el partido. Est�n sumidos en una gran confusi�n: tres de sus �dolos del Athletic -Nico Williams, Unai Sim�n y Laporte- juegan con una camiseta roja, precisamente contra aquellos que llevan la camiseta que les ha comprado su madre. �No se habr� equivocado ella? No parece: anima todo el rato a la selecci�n albiceleste junto a su padre.Bajo la l�gica de los ni�os no tiene mucho sentido esa elecci�n. A los argentinos les quitan todo el rato el bal�n, no tiran nunca a puerta y adem�s juegan muy sucio y son violentos. �Por qu� hay que ir con ellos, si los buenos son los otros y adem�s tienen a los jugadores del Athletic? Llega la victoria del equipo de Nico y Unai y sus padres apagan el televisor enfadados. Deben asumir la suerte de ese equipo infame al que ama les apunt� a la hora del verm�, y privarse de la alegr�a de los ganadores.�Qu� aprendieron con todo esto?Que el coraz�n no hay que entreg�rselo a alguien por sus m�ritos o sus valores, sino por el escudo nacional que el azar pone en los pechos de la gente.








