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La buena noticiaLa Iglesia mantiene abierta la puerta al verdadero “regreso a casa”.
Curiosamente el término “nostalgia” proviene del griego nostos: volver a casa, y algos: dolor, es decir “dolor, sufrimiento por no poder regresar a casa, donde se estaba seguro”. Ya fue definida como “enfermedad mental” por J. Rosch en 1688: el no poder volver a casa en tiempos de guerra llevaba a los soldados a la depresión, pérdida de peso y hasta pensamientos suicidas. En el campo religioso hay “grupos nostálgicos” que niegan la verdad de la renovación/profundización de la Iglesia, en el Concilio Vaticano II, buscando un pasado “más seguro en casa” donde no se vivía mucho del culto, pero se tenía una “mística” del más allá en el más acá, reduciendo el compromiso de vida a un “éxtasis” reservado para pocos. Hoy lo problemático es la polarización entre los que se autodenominan “auténticos creyentes” —fieles a la Tradición, que no es la verdadera, sino la de seguridad psicológica— y los “progresistas” —en el otro extremo: quienes entienden que la Iglesia debe ser como el mundo, por ejemplo, con el wokismo—.
Los seguidores del triste caso de monseñor Lefevre alegan lo primero: niegan la profundización en la Fe de la Iglesia, viven una “nostalgia fatal” que los lleva al cisma, a la ruptura, el más grave de los pecados, según San Agustín en el siglo IV (Carta a Parmeniano 2,25). La Iglesia mantiene abierta la puerta al verdadero “regreso a casa” de quienes mueren por nostalgia fatal (visite: vatican.va, Dicasterio para la Doctrina de la Fe): es la falta de la sabiduría del “padre de familia que sabe desechar lo viejo y conservar lo bueno”, como dirá la última pequeña parábola de mañana en la Buena Noticia: no se trata de la “misa en latín”, que bien puede celebrarse con autorización, sino del pecado más grave: querer llamarse católicos, sin aceptar que la Iglesia es “madre, pero también maestra” (San Juan XXIII): una falta de sabiduría, pero también de opciones de vida “a fondo” que lleven, como en otras dos pequeñas parábolas de mañana:











