“Madrid jugaba en una categoría inferior a la que le correspondía en Europa. Las grandes capitales europeas son París y Londres y luego hay otra división: Berlín, Milán, Ámsterdam… Madrid no estaba ahí. Entonces ha tenido la oportunidad de subir de golpe, de hacerse mayor de golpe. Eso es lo que creo que ha pasado. También ha influido mucho que las macrocifras del país van bien y dinero llama a dinero”, explica Andrés Rodríguez, sentado en el bar del vestíbulo de Forbes House, el club privado de cinco plantas, más azotea y sótano, del que es prácticamente todo: director, fundador e ideólogo. La pregunta a la que responde era: ¿qué ha tenido que pasar en Madrid para que, de repente, surjan como setas tantos clubes privados?Los datos: durante décadas y hasta hace apenas año y medio el mundo de los clubes privados en Madrid se dividía en dos tipologías, que explica Rodríguez. “Los clubes tradicionales que, lo digo con todo el respeto, eran como de nuestros padres: Nuevo Club, Club Financiero Génova, Puerta de Hierro… y luego estaba Club Matador, dirigido hacia el público creativo”. Pero en 2025 llegó Forbes House y en 2026 Club Metrópolis, situado en uno de los edificios más emblemáticos de Madrid. “El segundo más fotografiado tras la puerta del Alcalá”, aseguran sus promotores, Sandro Silva y Marta Seco, que, al frente del Grupo Paraguas, llevan más de 20 años protagonizando la mayor historia de éxito de la restauración madrileña, incluida una expansión internacional en Londres, Dubai y Montecarlo. “Muchos de los clientes que hemos hecho estos años son los que han confiado en nosotros para el club antes de que empezáramos con la obra”, afirman. Pensado como exclusivo club privado internacional, Metrópolis alberga siete espacios gastronómicos diferentes, entre ellos una “piscina de langostas”, una terraza bajo su famosa cúpula y un hotel boutique de lujo para clientes y VIPS.El último en llegar ha sido el Club Vega, en el barrio de Salamanca. Su cara visible es Iñigo Onieva, el chico malote pero de buen corazón que tanto gusta a la prensa rosa por su matrimonio con Tamara Falcó. La explicación de Onieva empieza en Londres. Allí estudió y conoció una forma de vida en la que buena parte de las relaciones personales, laborales y sociales transcurren dentro de clubes privados. Cuando regresó a Madrid en 2018 pensó en importar el modelo, pero llegó a la conclusión de que la ciudad todavía no estaba preparada. Ahora sí lo está, afirma. “Madrid is finally ready for this”, repite varias veces. Madrid lleva años cambiando tan deprisa que parece que no ha tenido tiempo de darse cuenta. Durante décadas fue una capital razonablemente grande e importante. De repente empezó a aparecer en los rankings internacionales de inversión. Los hoteles de lujo se multiplicaron. Las grandes firmas comenzaron a competir por locales de la milla de oro. Los fondos de inversión se instalaron en la Castellana. “Los estudiantes latinoamericanos llegaron atraídos por las escuelas de negocios. Y después llegaron sus padres”, dice Rodríguez. Vega es el ejemplo: ocupa un enorme local en Lagasca, rodeado de boutiques de lujo, despachos de abogados y gestoras de activos. El club combina restaurante, espacio de eventos y salas de reuniones y da la impresión de que básicamente es un lugar para que los famosos se diviertan sin miedo a salir en la prensa. Que debe ser a lo que se refiera Onieva cuando habla constantemente de “comunidad”. Explica que quieren una mezcla de empresarios, artistas, deportistas, diseñadores, políticos y ejecutivos. Españoles y extranjeros. Jóvenes y veteranos. “No queremos que sea un club de negocios ni un club creativo. Queremos diversidad”, dice. Menos en lo económico, claro. Ser miembro de estos clubes cuesta alrededor de 4.000 euros al año. Eso solo por entrar, las consumiciones van aparte. Y la exclusividad no está tanto en el precio como en el filtro. Para entrar hay que ser recomendado y aceptado. Rodríguez insiste en que Forbes no es un club de ricos. Es un club del éxito. La diferencia parece pequeña, pero para él es fundamental. “En España sigue existiendo cierta idea de que el éxito tiene que ser invisible”, explica. “Aquí no hay ningún pudor en decir que quieres mejorar tu negocio, tu marca personal o conocer gente interesante”.Para socios: dentro y fueraLos tres proyectos son distintos. Pero comparten una intuición. Madrid ya no se comporta como la ciudad abierta y relativamente igualitaria que fue durante décadas. O al menos no solo como eso. Siempre hubo clubes para la élite madrileña, pero el ocio transcurría mayoritariamente alrededor del bar, un lugar democrático y en principio abierto a cualquiera. Los nuevos clubes obedecen a la expansión de la élite y repiten su principio de exclusión. En Forbes existe un comité de admisión. En Vega, un proceso de selección. En Metrópolis las membresías se agotaron antes de abrir. Son lugares en los que es tan importante quién entra como a quién dejan fuera.
Tú sí, tú no: los clubes privados para ricos toman Madrid
En solo dos años han abierto tres nuevos clubes privados en la capital, símbolo de una ciudad que escala posiciones en el mapa internacional del lujo. Sus promotores dicen con satisfacción y en varios idiomas que la ciudad “se ha hecho mayor”






