Un tratamiento experimental permitió que Connor caminara por primera vez a los 15 años, tras una vida de crisis epilépticas diarias (Imagen Ilustrativa Infobae)Un adolescente que nunca había caminado por sí solo consiguió dar sus primeros pasos a los 15 años gracias a un tratamiento experimental desarrollado para una forma severa y poco frecuente de epilepsia infantil. El protagonista se llama Connor, diagnosticado con una mutación en el gen SCN2A, responsable de alterar la actividad eléctrica en el cerebro y provocar crisis epilépticas diarias, retrasos del desarrollo y problemas motores y digestivos desde el nacimiento.PUBLICIDADUn equipo de la Universidad de California, San Diego aplicó una terapia genética personalizada basada en moléculas sintéticas llamadas oligonucleótidos antisentido, diseñadas para silenciar únicamente la copia defectuosa del gen en el organismo de Connor. Según los resultados del estudio publicado en Nature Medicine, este abordaje redujo de forma notable la frecuencia de las convulsiones y permitió progresos inéditos en el desarrollo motor y la calidad de vida del paciente, sin efectos adversos graves.PUBLICIDADLa Universidad de California, San Diego, utilizó oligonucleótidos antisentido para silenciar la copia defectuosa del gen SCN2A en Connor (Imagen Ilustrativa Infobae)Connor presentó complicaciones neurológicas desde su nacimiento. Según declaró su madre, Kelley, en un episodio del podcast de la n-Lorem Foundation, los médicos comenzaron a probar diferentes medicamentos antiepilépticos cuando tenía ocho meses, sin conseguir controlar las crisis. “A los dos y tres años sufría hasta 50 convulsiones diarias”, relató. El desarrollo motor también se encontraba gravemente afectado: Connor no lograba sostener la cabeza, sentarse ni dar pasos por sí mismo.Durante años, la familia buscó respuestas en múltiples hospitales y especialistas. El diagnóstico llegó recién cuando Connor tenía casi cinco años, gracias a una secuenciación del exoma, no todos los genes figuraban en los paneles genéticos convencionales de la época. El hallazgo confirmó una mutación en SCN2A, un gen cuyo producto, el canal de sodio Nav1.2, es fundamental para la transmisión eléctrica en las neuronas. “Cuando finalmente recibimos el diagnóstico, no existía ningún tratamiento disponible para su enfermedad”, recordó Kelley.PUBLICIDADEl caso de Connor refleja una realidad común en enfermedades nano-raras, definidas por la n-Lorem Foundation como aquellas que afectan entre una y treinta personas en el mundo. Según la Universidad de California, San Diego (UCSD), las mutaciones en SCN2A causan una forma grave de epilepsia infantil, asociada a retraso del desarrollo, trastornos del espectro autista, problemas de movimiento y alteraciones gastrointestinales.En 2017, Kelley contactó a Stan Crooke, fundador y director ejecutivo de la n-Lorem Foundation, quien desde entonces consideró el caso de Connor como uno de los motores para crear la organización. PUBLICIDADDe acuerdo con él, el proceso de diseñar una terapia de precisión para Connor enfrentó numerosos obstáculos científicos y burocráticos. Uno de los mayores retos fue conseguir que una institución aceptara tratar al paciente. La solución llegó gracias a la intervención de la neuróloga pediátrica Olivia Kim-McManus en el UCSD.El estudio publicado en Nature Medicine reportó una reducción notable en la frecuencia de convulsiones y progresos motores inéditos (Imagen Ilustrativa Infobae)El tratamiento se basó en el uso de oligonucleótidos antisentido (ASO) selectivos de alelo, moléculas sintéticas diseñadas para silenciar únicamente la copia mutada del gen SCN2A, preservando la función de la copia sana. Según los resultados publicados en Nature Medicine, la administración de los ASO se realizó mediante inyecciones espinales bajo anestesia, repitiéndose cada dos o tres meses.PUBLICIDADLos resultados del ensayo, que incluyó a dos pacientes (Connor, de 14 años al inicio, y otro niño de 9), mostraron que el tratamiento redujo las convulsiones en un 26% y un 90% respectivamente, además de mejoras en habilidades motoras, lenguaje, procesamiento sensorial y conductas adaptativas. En el caso de Connor, la intervención permitió que caminara de forma independiente por primera vez a los 15 años, un hito considerado fuera de la ventana de desarrollo habitual.El mismo estudio documenta avances en problemas gastrointestinales crónicos, reducción de la carga de medicamentos y ausencia de efectos adversos graves relacionados con el ASO.PUBLICIDADAdemás de las mejoras motoras y neurológicas observadas, el caso de Connor permitió demostrar que los oligonucleótidos antisentido pueden modular el sistema nervioso autónomo, responsable de funciones básicas como la digestión y el ritmo cardíaco. Stan Crooke, en el podcast de la n-Lorem Foundation, destacó: “Connor es la primera demostración de que un ASO puede abordar problemas en el sistema nervioso autónomo”.El diagnóstico de Connor llegó a los cinco años gracias a una secuenciación de exoma, tras años sin respuestas en hospitales (Imagen Ilustrativa Infobae)La experiencia también evidenció la importancia de contar con diagnósticos genéticos tempranos y accesibles. Kim-McManus sostuvo en un comunicado de la UCSD que “la terapia está diseñada específicamente para el diagnóstico genético individual”, y que el éxito en Connor abre la puerta a tratamientos personalizados para otras enfermedades monogénicas raras.PUBLICIDADA pesar de los avances, el tratamiento requiere ajustes constantes en la dosis y frecuencia, ya que la terapia no modifica permanentemente el ADN y sus efectos disminuyen con el tiempo. Según el estudio en Nature Medicine, la administración regular resultó esencial para mantener los beneficios, y la colaboración entre investigadores, clínicos y familias fue clave para superar las dificultades logísticas y regulatorias.Los autores del artículo científico advierten que, aunque los resultados son prometedores y no se registraron efectos adversos graves, se necesita un seguimiento a largo plazo para confirmar el potencial modificador de la enfermedad de este tipo de terapias. El caso de Connor marca una nueva etapa en la medicina de precisión y ofrece esperanza a las familias afectadas por mutaciones nano-raras en todo el mundo.PUBLICIDAD