Cada verano, la costa alicantina reparte su atractivo entre dos tipos de bañistas. Por un lado, están quienes buscan arena extensa, sombrillas alineadas y un chiringuito cerca; por otro, quienes prefieren meter la cabeza bajo el agua y descubrir qué esconde el Mediterráneo unos metros más allá de la orilla. Esta segunda tendencia —el buceo de superficie o snorkel— gana adeptos año tras año, y la provincia de Alicante se ha convertido en uno de sus escenarios favoritos gracias a un litoral que combina acantilados, fondos rocosos y praderas de posidonia con aguas que, en días de mar en calma, alcanzan una transparencia casi excepcional.
No hace falta equipo caro ni formación técnica: una máscara, un tubo y unas aletas bastan para asomarse a un mundo de sargos, salpas, pulpos escondidos entre las rocas y bancos de peces que se mueven junto a la costa. Entre la decena larga de enclaves que compiten por el título de mejor cala para el buceo de superficie, hay cuatro que aparecen de forma recurrente en guías y recomendaciones de la zona, precisamente por la calma y la claridad de sus aguas.
Cala Granadella, la joya protegida de Jávea
Si hay una cala que encabeza casi cualquier lista de buceo en la Costa Blanca, esa es la Granadella. Su forma de pequeña bahía, resguardada entre el Morro del Castell y la Isla del Descubridor, la protege de gran parte del oleaje y explica por qué sus aguas suelen mantenerse tan quietas incluso en jornadas de viento moderado. El fondo, de cantos rodados que dan paso a paredes rocosas a ambos lados de la cala, concentra una fauna abundante y una visibilidad que atrae tanto a principiantes como a buceadores más experimentados.










