Bajad las armasSe sorprender�an ustedes del escaso cr�dito que concita el racionalismo entre la clase dirigenteIsak y Jonathan Andic, en 2013.E. M.Actualizado Viernes,

julio

01:06Audio generado con IATodos los problemas mentales se parecen, pero cada familia se los trata a su manera. Las familias pobres sol�an tener p�rroco y las burguesas hace tiempo que van al psic�logo, pero solo los millonarios pueden permitirse una bruja gallega o un curandero indio. Del Ibex al consejo de ministros, no pocos privilegiados han cedido a la tentaci�n esot�rica en busca de alivio a su incertidumbre, como si los or�culos a�n vinieran de Delfos y no de Silicon Valley. Se sorprender�an ustedes del escaso cr�dito que concita el racionalismo entre la clase dirigente. Se gastan fortunas para sacudirse un mal de ojo sobre una camilla de masaje mientras los salmodian en arameo, o para atraer la rentabilidad de una inversi�n de riesgo en el cubil de un futur�logo con m�s labia que videncia. Es como si las ma�as perfectamente terrenales que les permitieron acumular dinero o poder ya no sirvieran para conservar la posici�n una vez conquistada. A partir de cierta altura el v�rtigo se intensifica tanto que a algunos ya solo los sujeta la superstici�n. Y de altura precisamente tenemos que hablar a ra�z de la confesi�n de Julia L�derwaldt, la asistente de la psicoanalista de la familia Andic, que recibi� el encargo de buscarle a Jonathan "rutas extremas" que le ayudaran a superar sus inseguridades. Cualquier mileurista querr�a para s� los miedos de uno de los tres herederos de un patrimonio de 8.000 millones, pero ya se sabe que los ricos son distintos a los dem�s (esto le repet�a Fitzgerald a Hemingway hasta que un d�a le respondi�: "Claro, Scott: tienen m�s dinero"). El caso es que a do�a Julia el encargo de conducir al hijo del fundador de Mango literalmente al borde del precipicio le remord�a la conciencia. La idea era convertirlo en el personaje majestuoso de Caspar David Friedrich, pero la cosa acab� en el grito de Munch: ya avisa Nietzsche que si miras mucho rato a un abismo, el abismo termina mir�ndote a ti. Del testimonio no se deduce que, estando padre e hijo a solas en el abrupto paraje recomendado por la asistente, el miedo de Jonathan se transformara en rabia parricida: eso lo determinar�n los Mossos. Pero a la vista del resultado, escandaliza la vigencia de esa variante verborreica del chamanismo llamada psicoan�lisis. Los pobres tambi�n pueden despe�arse, pero al menos no habr�n pagado por hallar el escenario de su muerte.