�Quia!Si el hijo de Andic es juzgado -hip�tesis probable- ser� un jurado popular el que lo hagaSalida del hijo de Isaac Andic de los juzgados de Martorell.Araba PressActualizado Lunes,
junio
22:50Audio generado con IAAcusaciones y defensas van librando en los peri�dicos el juicio de Jonathan Andic. Desde su detenci�n en mayo los mensajes de uno y otro lado se repiten. El �ltimo intercambio parti� de la acusaci�n con un mensaje del hijo al padre: �No me extra�a que pensaras que era capaz hasta de matarte�. Este lunes la defensa dio a conocer el audio de la llamada del hijo a los servicios de emergencia: entre sollozos continuados pide ayuda, porque su padre ha ca�do por el barranco. El audio es un objeto veraz en estado puro. Un testimonio documental contempor�neo a la ca�da. Se difunde para producir un efecto que, sin embargo, solo es veros�mil: que el que as� lloraba no pod�a haber asesinado a su padre. Cuando la acusaci�n da a conocer el �capaz hasta de matarte� hace algo similar. El dato literal e incontestable rebasa imp�vido la frontera veraz: el padre acertaba al pensar que el hijo pod�a ser un asesino.Si el hijo Andic es juzgado —hip�tesis probable— ser� un jurado popular el que lo haga. Ese jurado es el destinatario del intercambio p�blico entre acusaci�n y defensa. Y el desarrollo del caso revela hasta qu� punto la instituci�n del jurado es un anacronismo epist�mico, un residuo del tiempo en que un hombre pod�a llegar a la sala del juicio oral en un estado virginal, sin prejuicios fabricados por los medios. En la raz�n de ser del jurado hay un fondo casi conmovedor de sem�ntica y de justicia. La pr�ctica de la prueba debe dar resultados tan transparentes que cualquier inteligencia pueda decidir sobre la culpa. Lo mismo que se exige idealmente al juez que sentencia: que cualquier inteligencia mediana pueda comprender sus autos. Pero entre un juez y un ciudadano hay una diferencia esencial a la hora de impartir justicia, que es el trato con los sesgos. El mejor juez es el que mejor identifica los sesgos: los propios, antes que ninguno.Del mismo modo que la democracia deliberativa ha de observar con extrema desconfianza la democracia plebiscitaria, la justicia democr�tica ha de hacer lo mismo con los tribunales populares. La broma de que un ciudadano suizo pueda decidir con responsabilidad y conocimiento sobre si su pa�s podr� tener 10.000.001 de habitantes en 2050 —por suerte el grupo serio del no sabe/s� contesta ech� atr�s la iniciativa— es del mismo g�nero de la que pretende que un barcelon�s acuda a juzgar sobre la suerte de Jonathan Andic sin haber habitado una de las dos c�maras de eco del caso.El pueblo ya tiene suficientes entretenimientos y no veo por qu� habr�an de a�adirse las snuff movies.








