La extraña terapia a la que se estaba sometiendo la familia Andic antes de la muerte del padre, Isak, se ha colocado en el centro del proceso judicial que investiga al primogénito, Jonathan Andic, como presunto autor de la muerte de su padre durante una excursión a la montaña de Montserrat (Barcelona). Para mejorar la deteriorada relación paternofilial, la familia había recurrido a los servicios de Julia Lüderwaldt, una terapeuta que empleaba con ellos un método de “confrontación dialéctica” tan límite que contemplaba incluso, según una testigo, una experiencia extrema en un barranco. Este peculiar intervención familiar, ahora en el centro de la investigación judicial, también ha vuelto a abrir el debate sobre los peligros de recurrir a las pseudoterapias para resolver problemas de salud o conflictos familiares: la terapeuta no estaba colegiada y su método carece de evidencia científica.Las intervenciones psicológicas, como los medicamentos, no son inocuos. Pueden tener efectos secundarios, recuerda Teresa Bobes, presidenta de presidenta de la Sociedad Española de Psicología Clínica (SEPC-ANPIR): “Una psicoterapia puede provocar efectos adversos si está mal indicada o mal realizada. Puede reactivar traumas, generar culpa, provocar conflictos, deteriorar relaciones familiares o retrasar el acceso a tratamientos validados”. Por eso es fundamental que las intervenciones estén avaladas científicamente y se realicen bajo la supervisión de profesionales capacitados, coincide Antoni Ramos Quiroga, jefe de Psiquiatría del Hospital Vall d’Hebron, y presidente electo de la Sociedad Española de Psiquiatría: “Hay iluminados que crean una técnica que no han testado y dicen ‘yo creo que funciona’. Pero en medicina esto no vale. Las cosas mal hechas pueden hacer daño”.De lo que ha trascendido sobre la peculiar terapia de los Andic, subraya Bobes, hay muchos elementos “preocupantes”. Para empezar, dice, “la ausencia de formación sanitaria acreditada” de la supuesta terapeuta, pues Julia Lüderwaldt no está adscrita a ningún colegio profesional de psicólogos o psiquiatras de España ni consta en el registro nacional de psicoterapeutas. “Otra cosa que nos preocupa tremendamente es el uso de técnicas sin evidencia científica y la planificación de situaciones de confrontación en un entorno físicamente peligroso”, abunda.Lüderwaldt, citada en calidad de testigo en la causa y obligada a decir la verdad, detalló ante el juez su “método”, un enfoque que, según la defensa, busca la “confrontación” dialéctica de los pacientes para “encontrar el crecimiento”. En este contexto terapéutico se apoyan también los abogados de Jonathan para interpretar unos whatsaaps del hijo al padre: “No me extraña que pensaras que era capaz de matarte”, escribió. El mismo mensaje acaba, como puntualizó la defensa, con un tono más positivo: “Espero que disfrutes de este verano, te mando muchos besos”. Una testigo, que colaboraba puntualmente con la terapeuta, reveló después que Lüderwaldt le pidió que buscase una ruta de montaña para confrontar a padre e hijo ante una situación extrema como parte de la terapia.“Desde la psicología clínica basada en la evidencia, la confrontación nunca debe confundirse con poner a una persona en una situación de peligro físico o emocional. Nunca consiste en provocar una situación límite para ver qué ocurre”, incide Bobes. De hecho, la confrontación, en la psicología clínica, “no es enfrentar o arrinconar, sino ayudar al paciente a identificar contradicciones entre lo que piensa o lo que hace o situar patrones” de comportamiento, expone la psicóloga clínica. En pacientes con ansiedad, por ejemplo, también se hacen intervenciones “de afrontación de forma gradual con técnicas de exposición, pero siempre controlando lo que va a pasar y dentro de un entorno seguro”, enfatiza. No se trata de llevar al límite al paciente, sino de lograr que se acostumbre a una situación en un entorno controlado, con un clínico delante y evitando que el paciente se vea sobrepasado. Ramos Quiroga, que tiene un máster el terapia familiar sistémica, recuerda, además, que “no todo el mundo puede recibir cualquier tratamiento psicológico”. Y la figura de un especialista acreditado para evaluar cada caso es clave en este sentido. “Porque puede ocurrir que vayas por un conflicto relacional, pero que haya también otra patología de base. Eso puede estar influyendo mucho en la relación y es más difícil de reconducir si hay, por ejemplo, problemas de impulsividad o adicciones”, ejemplifica. Julia Lüderwaldt también empleó con los Andic el método de las “siete cronologías”, que divide la vida en siete etapas, cada una con sus enfoques y desafíos. En su declaración, la mujer aseguró que la terapia dio frutos, pero esta técnica no tiene ningún tipo de evidencia científica y los expertos consultados ni siquiera han oído hablar de ella. Tampoco el psiquiatra Antoni Bulbena, al que la familia recurrió en una ocasión alentados por la propia Lüderwaldt, conocía en qué consistía ese método, según admitió ante el fiscal. Influencia “desmesurada”Del proceso terapéutico de los Andic, a Bobes también le llama la atención la influencia de la terapeuta sobre la familia: “Parece que ejercía un poder desmesurado, que la seguían como a un líder”. Lüderwaldt, de hecho, llegó a mediar con la familia propietaria de Mango en asuntos patrimoniales y apoyó a Jonathan cuando pidió a su padre que le diese la herencia en vida para solucionar el problema. “La psicoterapia implica una relación asimétrica porque el paciente acude en una situación de vulnerabilidad, pero por eso existen normas éticas muy estrictas. La confianza se puede transformar en dependencia y eso debería ser una señal de alarma”, apunta.Ramos Quiroga coincide en que, en psicoterapia, hay que preservar la autonomía del paciente. “Cuando trabajas el vínculo, tienes que generar una relación de confianza, de empatía; no de dependencia. Y lo que buscan los pseudoterapeutas es esa dependencia”.Bobes observa que cada vez hay más personas sin la formación sanitaria adecuada que se presentan como terapeutas o facilitadores. “La demanda ha aumentado y proliferan profesionales sin cualificación ni ética. Cada día se inventan nuevos trucos y chamanerías que las venden como curas milagrosas. Y eso, con gente especialmente vulnerable, puede tener consecuencias catastróficas”.
De la “confrontación” a las “siete cronologías” de los Andic: los peligros de abrazar pseudociencias para resolver conflictos familiares
Los expertos alertan de que las intervenciones psicológicas pueden tener efectos secundarios si se hacen mal, a la persona equivocada y sin personal cualificado











