“En el siglo XII, este edificio era un lugar increíble en el Camino de Santiago: aquí se armaron caballeros, se realizaron juramentos, se pactaron bodas…”. El profesor José Luis Senra enumera, entre la objetividad y la fascinación, algunos de los hitos que marcaron la historia del monasterio de San Zoilo (Carrión de los Condes, Palencia), epicentro de poder de Cluny en la península Ibérica en la Edad Media. El declive de la orden que revolucionó la vida cultural europea y las reformas que se llevaron a cabo en el siglo XVI borraron la huella de aquel esplendor. “¿Ahora qué es San Zoilo? Ahora no es nada”, lamenta el catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid. Aquel silencio —“una siesta continua”, como lo define Senra— comenzó a romperse en los años noventa con los primeros estudios y hallazgos arqueológicos. Ahora, la localización y restauración de varios capiteles del desaparecido claustro del edificio románico —que se exponen actualmente en el monasterio, hasta noviembre— permiten dar un paso más en el conocimiento de uno de los sitios más deslumbrantes (y olvidados) de la España medieval.En efecto, hasta finales del siglo pasado solo había un elemento que recordaba el origen medieval del monasterio. Una ventana románica, que se veía desde la carretera, rompía la estética renacentista que ha llegado a nuestros días. “Lo que me sorprende es que nadie se había preocupado por lo que había detrás de aquella ventana”, afirma, intrigante, José Luis Senra. Cuando el investigador “abrió” aquella especie de puerta al pasado descubrió un espacio poco habitual en la arquitectura hispana. Una capilla en alto tras la ventana que encajaba a la perfección con la obsesión de los monjes cluniacenses por habilitar lugares para sus celebraciones litúrgicas. La construcción de un hotel a principios de la década de los noventa ya había permitido recuperar elementos inesperados, como la portada románica de la iglesia. Aquel descubrimiento se sumaba a las esculturas y fragmentos románicos que se conservaban desde antiguo en el cenobio, sin que nadie se hubiese parado nunca a analizarlos. El pasado cluniacense de San Zoilo comenzaba a hablar.“En muchas ocasiones, el patrimonio está esperando a que lo busquemos, y San Zoilo es un paradigma en eso”, asegura el arquitecto técnico Zoilo Perrino, la persona que quizá mejor conozca el historial de hallazgos en las últimas cuatro décadas. Aunque el más reciente, del que el propio Zoilo fue testigo, se produjo por puro azar. En 2021, las obras para canalizar el agua de lluvia en el patio del actual claustro renacentista precisaron de una excavación que tenía reservada otra sorpresa. “Bajo los pilares actuales comenzaron a aparecer unos sillares sospechosos, con formas en los bordes como de tener un tallado”, relata el arquitecto técnico. Cuando se empezaron a extraer aquellas piezas —fragmentos de dovelas, columnas, cimacios, capiteles y hasta un canecillo— se confirmó lo que ya se intuía: debajo del claustro actual estaban enterradas las piedras del original, de estilo románico, a modo de relleno. La excavación permitió recuperar casi una decena de estas piedras esculpidas, algunas de ellas en un estado de conservación extremadamente delicado. “El cimacio (pieza que une el capitel con el arco) era de una piedra caliza tan blanda como un azucarillo, daba miedo incluso tocarla”, recuerda Zoilo Perrino.Los restos el antiguo claustro rescatados se quedaron en el monasterio. La asociación Cluny Ibérica —promovida en 2018 por Zoilo Perrino para investigar el legado de la orden en nuestro país— asumió la restauración con el apoyo económico de las instituciones públicas. Ahora, casi cinco años después de la excavación, los vestigios recuperados y los que ya se conservaban en el monasterio se exponen por primera vez en una de las salas. “En los capiteles hay predominancia de motivos vegetales y después figurados, ya sean animales, como leones, además de representaciones humanas”, describe Perrino. Con estos escasos restos materiales, ¿podríamos imaginar cómo fue uno de los espacios clave del edificio en la Edad Media? “Cuando he intentado que la gente lo visualice, la he remitido a un espacio como el de Silos, salvando las distancias”, explica el técnico, aludiendo al claustro burgalés, el más antiguo y mejor conservado de los que se levantaron en nuestro país. Más allá del diseño que pudo tener, Perrino señala que las piezas desenterradas apuntan hacia un aspecto tan original como interesante: “Hubo una importante riqueza de colores, porque hemos hallado columnas de distintos materiales pétreos, como distintas variedades de mármol”.“A partir de las piezas que tenemos, que no son muchas, da la sensación de que la construcción del claustro comenzó con una calidad intermedia, pero nunca ‘súper’”, sostiene cauteloso José Luis Senra. “No apunta hacia Silos, que es una cosa excepcional”, zanja. Lo que sí concede el investigador es que las galerías de San Zoilo fueron “de primera generación”, es decir, de las más antiguas registradas en lo que hoy conocemos como Castilla y León. “De esos claustros, no hay tantos”, valora. La explicación de esa escasez reside en la pérdida, casi absoluta, de la huella material de Cluny en nuestro país. De aquel legado “no queda nada, está devastado, es una pena”, lamenta Senra. La orden francesa tuvo su apogeo en los siglos XI y XII, pero entró en una crisis prematura en el XIII y el deterioro de la red de monasterios que habían impulsado fue extraordinario. “Los edificios se fueron dejando un poco a su suerte y muchos de ellos llegaron al final de la Edad Media en un estado crítico”, analiza Senra, uno de los mayores especialistas en la implantación de Cluny en la península.¿Qué puede hacer el siglo XXI para recuperar esa huella perdida? Como en el caso de los murales de Sijena, que sufrieron daños irreversibles a causa de un incendio durante la Guerra Civil, José Luis Senra apunta hacia las nuevas tecnologías y el mundo virtual. “Hoy tenemos evidencias suficientes para hacer un paseo virtual con gafas 3D por la antigua iglesia de San Zoilo”, asegura el investigador, apuntando hacia el espacio más extraordinario de todo el conjunto monástico. Pero lo más sorprendente es que esa reconstrucción sería posible, no gracias a lo que se conoce de San Zoilo, sino a la información que ofrece otro templo palentino que también perteneció a Cluny. “No me cabe duda de que Frómista es un reflejo de San Zoilo, que fue su matriz”, plantea el catedrático, avanzando la sugerente hipótesis en la que trabaja en la actualidad. Es decir, que si la iglesia del monasterio de San Zoilo se reconstruyera digitalmente se parecería bastante al templo de San Martín de Frómista, considerado hoy un icono del románico europeo.La otra herramienta para desenterrar la memoria de Cluny y conocer mejor edificios como San Zoilo es la investigación convencional: del estudio documental o el análisis histórico a la arqueología. Pero aquí José Luis Senra se muestra escéptico, porque “de lo que estamos hablando es de invertir en la España vacía, y hoy todo tiene que ser en Madrid, Barcelona o Valencia”. Quien parece más optimista es Zoilo Perrino y la asociación Cluny Ibérica, que actualmente trabaja con otros colectivos europeos para que los sitios cluniacenses del viejo continente sean declarados patrimonio mundial por la Unesco. “Si fomentamos el interés social que ya existe por estos lugares será más fácil que se puedan llevar a cabo nuevas investigaciones”, confía el arquitecto técnico, quien, no obstante, reconoce que “quizá falta desviar un poquito el foco de los que ya lo tienen todo y atender también a estos lugares que están en la periferia”. Solo así se podrá recuperar el pasado de uno de los lugares más influyentes en la España de los siglos XI y XII, hoy casi invisible.