Pensé, al ver ese último aleteo del rabo de Argos en La Odisea de Christopher Nolan (no es spoiler, lleva escrito casi 3.000 años) que nada nos prepara para una muerte vieja. Tampoco el IMAX. Envejecer consiste en volver a ver en pantalla, una y otra vez, las muertes de personajes que ya murieron pero las sucesivas adaptaciones resucitan para arrebatárnoslos de nuevo. Siempre creemos que ya valió, que hemos visto suficientes veces agonizar al tío Ben (o tía) de Peter Parker, pero está escrito en las leyes cinematográficas que en algún momento alguien hurgará en esa herida y tendremos que ver a Artax, el caballo de Atreyu en La Historia Interminable, hundirse en el fango y desgarrarnos el corazón, otra y otra vez. Tan interminable esa historia como la querencia de este país por sacar las antorchas por asuntos que no tienen más enjundia que la comentadita de café. Esta semana ha sido el anuncio de Renfe de permitir que los perros de hasta 40 kilos viajen con sus dueños en los trenes. Fue publicarlo el ministro Óscar Puente (o precisamente porque lo hizo él) y empezaron a tronar las trompetas del Apocalipsis en las redes. “Qué asco. Los que no tenemos mascota no tenemos por que aguantar malos olores, suciedad o ruidos de los perros de los demás”, decía uno. “Con sus ladridos de hasta 40 kilos, sus meadas de hasta 40 kilos y sus cagadas de hasta 40 kilos. Si tienes alergia te jodes”, protestaba otro. La cosa se embarulló y todo desbarró por la sempiterna pendiente guerracivilista: los contrarios acabaron ciscándose en una sociedad enferma que no quiere tener hijos pero sí perros con los que encima viajar en tren; y los defensores pretextaron con esa larga lista de comportamientos humanos que se ven diariamente en los vagones y que son más repugnantes que los de cualquier perrete. Desde deglutir a boca abierta chorizo pamplonica a bebés con habilidades fonadoras de auténticas mezzosopranos. Qué asco. Los que no tenemos mascota no tenemos por que aguantar malos olores, suciedad o ruidos de los perros de los demás.— Samuel (@samurqa99) July 17, 2026
Ningún perro vive 20 años
Es sorprendente la querencia de este país por sacar las antorchas por asuntos que no tienen más enjundia que la comentadita de café













