El �ltimo esca�oFeij�o propone una regeneraci�n de Espa�a que es necesaria pero que exige coraje y no ser el PP de siempreEFEActualizado Jueves,

julio

00:00Audio generado con IAA medida que la selecci�n espa�ola empez� a superar las rondas eliminatorias del Mundial, el Gobierno socialista intent� sacar r�dito pol�tico al �xito deportivo y vincular la gesta de �La Roja� a la Espa�a de S�nchez. El viaje a �ltima hora del presidente a Nueva York para asistir a la final no acab� de funcionar por simple incompatibilidad qu�mica. Sus altavoces habituales vend�an la visita como un cara a cara planetario entre Trump y S�nchez, pero olvidaron que el protagonismo institucional le correspond�a, como as� fue, al Rey en su condici�n de jefe de Estado. Como obviaron lo m�s importante: el comportamiento deportivo de los jugadores en el terreno de juego, elogiado internacionalmente, e incluso el c�vico jolgorio con el que millones de espa�oles festejaron en las calles la segunda estrella -�ni un paper a terra�-, chocan frontalmente con la deriva tramposa y las sospechas de corrupci�n que arrastra el Ejecutivo.El semanario brit�nico The Economist, poco amigo del elogio regalado, ha destacado que para Espa�a hay mucho que celebrar de lo acontecido en el Mundial. No solo por ser �con mucha diferencia el mejor equipo�, sino principalmente por encarnar �virtudes espa�olas que el visitante ocasional rara vez detecta: modestia, trabajo duro, organizaci�n y, sobre todo, unidad�. Una Espa�a opuesta a la triste realidad cotidiana del sanchismo, con sus comisiones, mordidas, enchufes e intentos de toma de control de las instituciones, que la sentencia del caso �balos y las investigaciones judiciales sobre Leire, Cerd�n y Zapatero exhiben imp�dicamente.La existencia de esta otra Espa�a, emancipada con la explosi�n festiva de los m�s j�venes por el Mundial -la primera gran experiencia colectiva para la Generaci�n Z y el reencuentro de los millennials con la victoria-, es radicalmente distinta a la del sanchismo, y a la que en su d�a encarn� la Espa�a del PP de la G�rtel. Representa por ello para Feij�o una responsabilidad enorme si acaba llegando al Palacio de La Moncloa, como �l mismo dio a entender en su discurso de balance de curso al prometer una �limpieza a fondo de las instituciones�, y no una simple alternancia bipartidista en el Ejecutivo.Con S�nchez, la corrupci�n pol�tica ha penetrado hondamente en las estructuras del Estado, contamin�ndolas e institucionalizando una cultura de la trampa. Una deshonestidad moral y �canchera� que ha borrado el concepto de responsabilidad �tica y pol�tica, como demuestra el propio presidente al no sentirse concernido por las condenas e imputaciones de su c�rculo de colaboradores y familiares.La promesa de un cambio profundo para echar a los que han robado de las instituciones y para evitar que otros roben, expuesta por el l�der del PP, suena de maravilla. Ahora bien, deber� pasar del verso a los hechos, y para eso se necesita coraje y no ser el PP de siempre. Seguramente, Feij�o sepa mejor que nadie que la suya es la �ltima gran oportunidad de regeneraci�n del Estado -en l�nea con la Espa�a virtuosa del Mundial- que va a tener el PP. Si fracasa por miedo, desidia, incompetencia o corrupci�n, lo que vendr� despu�s de su difunto Gobierno ser� Abascal, con todo lo que representa de ruptura, o la perpetuaci�n del propio sanchismo con el regreso de Pedro.