Hay errores periodísticos que se ajustan a un patrón de características muy determinadas. El columnista Arcadi Espada dejó un artículo preparado para que se publicara en El Mundo después del Mundial de fútbol. La premisa aparente era la derrota de España en alguna eliminatoria previa a la final: “La eliminación deja lecciones urgentes de cara a 2030, cuando España organizará el Mundial junto a Portugal y Marruecos”.

Por razones desconocidas, nadie se dio cuenta del error mientras todo el país estaba botando de alegría por el triunfo en la final ante Argentina. Pobres incautos. ¿Cómo podían estar eufóricos? Sería porque no habían leído el artículo que intentaba explicar “la magnitud de la decepción española en el Mundial”. Espada había decidido que solo se podía entender el fracaso como una metáfora del hundimiento de España a todos los niveles por ser un país marcado por “la desconfianza ante la excelencia”.

También le molestaba que se presentara a la selección “como símbolo de una España trans: mestiza, igualitaria y risueña”. ¡Con negros! ¡Con hijos de inmigrantes! “El mestizaje sin fusión es yuxtaposición”. Es igualar al país a la baja. Con toda esa gente de fuera, la calidad media del español iba a descender. De todas las tonterías que se dicen a veces al convertir el fútbol en una metáfora de la sociedad, esta es una de las peores, la de pensar que España está llena de mediocridad y que eso se termina reflejando en todos los ámbitos de forma inexorable.