SALUDDesde el Imperial College de Londres, Federica Amati analiza c�mo ha cambiado nuestra relaci�n con el hambre y c�mo los f�rmacos de la familia ‘Ozempic’ se usan para controlar el apetitoIssy CrockerActualizado Mi�rcoles,

julio

22:36Hoy el hambre es m�s que el puro acto biol�gico de alimentarse para cubrir las necesidades nutricionales de nuestro organismo. �A m� esto me da hambre�; �Yo como por ansiedad�; �Yo, por necesidad... �Ay, pues cu�nto te envidio!�; �Prefiero no comer, que luego no lo suelto�... La sociedad ha pasado de percibir un instinto que nos llev� a la supervivencia propia de la evoluci�n a canalizar emociones a trav�s del apetito. Quiz�s, como apunta Federica Amati, �gran parte del hambre que sentimos hoy ya no es una se�al biol�gica pura, sino una se�al fabricada por el entorno y el marketing alimentario�. Desde el Imperial College y el King’s College en Londres, esta investigadora de origen italiano busca dar respuestas a la transformaci�n del instinto que nos condiciona a la hora de sentarnos a la mesa y que tiene que ver con el desarrollo de enfermedades metab�licas, como la obesidad, o trastornos de la conducta alimentaria. �Durante miles de a�os pas�bamos la mayor parte del d�a buscando, cazando y recolectando alimentos, prepar�ndolos y comparti�ndolos con la tribu�. Pero dichas circunstancias, lejanas ya en el tiempo, parecen ahora casi una enso�aci�n. Amati reflexiona sobre c�mo nos hemos alejado tanto de aquello que �nuestra sociedad hoy hace lo contrario: dedicamos buena parte del d�a a evitar cocinar, evitar la comida, evitar comer...�. Adem�s de todo este cambio biol�gico y cultural, la nutricionista tienen en cuenta c�mo los nuevos f�rmacos antiobesidad –los famosos Ozempic y c�a– act�an apagando �esos est�mulos externos que la industria alimentaria lleva a�os utilizando para provocar el sobreconsumo�. Su nuevo libro, The Appetite Reset (Penguin), que a�n no se ha traducido al espa�ol, es un compendio de estas reflexiones y un manual de ayuda para volver a tener ese deseado autocontrol sobre el apetito. �C�mo se ha redefinido el hambre en el siglo XXI?Con la cultura de la dieta, solemos hablar del hambre en t�rminos de c�mo vencerla, ignorarla o distraernos de ella, cuando en realidad existen distintos tipos de hambre y todas son se�ales de nuestro organismo. Est� el hambre homeost�tica, la cl�sica: el cuerpo detecta que le falta energ�a, empieza a tirar de las reservas y el cerebro nos empuja a buscar comida. Luego est� el hambre hed�nica, que es la que mucha gente cree que tiene que combatir todo el tiempo: va asociada al placer y al estr�s, y con frecuencia la desencadenan factores externos, como un anuncio, el olor a pan reci�n hecho. No es que tengamos hambre real, pero al ver una galleta, un pastel o pensar en un helado, lo queremos. Y hay un tercer tipo, m�s nuevo como concepto pero muy interesante: el hambre impulsada por la microbiota. Nos ayuda a entender el poder que tienen los billones de microbios de nuestro intestino, que quieren sobrevivir y nos env�an se�ales para que consumamos los alimentos que a ellos les convienen.A veces la gente admira a quienes dicen no sentir nunca hambre y comer s�lo por necesidad biol�gica, nunca por gusto...Ah� est� la paradoja: nos hemos obsesionado tanto con el hambre, el peso y la grasa corporal que estamos eliminando el placer de comer. Es parad�jico porque, por un lado, tenemos recetas deliciosas y disfrutar de la comida se ha vuelto casi un s�mbolo de estatus aspiracional. Y, por otro, sentir hambre est� mal visto. Encontrar el equilibrio es complicado. La asignatura pendiente es conocer nuestro apetito y modular el hambre desde un punto puramente biol�gico. �Qu� herramientas propone usar?Con tanta informaci�n y tantos est�mulos externos que tiran de nosotros en direcciones opuestas es importante reconectar con lo que nuestro cuerpo intenta hacer realmente. A trav�s del libro, mi meta es ayudar a la gente a entender mejor el funcionamiento del apetito y del metabolismo. Si lo entiendes, puedes trabajar con tu biolog�a en lugar de luchar contra ella y disfrutar m�s, en vez de estar constantemente adivinando o reprimi�ndote, lo cual no ayuda.Sin embargo, en la propuesta de la reconexi�n que propone Amati hay varios obst�culos. El principal es la sociedad. La experta deja claro que comer es m�s que un acto biol�gico;es un acto cultural. Y, claro, en este contexto lo que nos rodea nos marca. La falta de tiempo hipoteca lo que colocamos en la mesa, porque ya no se cocina y se abusa de los platos preparados.�C�mo afecta nuestra forma de vida a lo que colocamos en la mesa?Nos hemos alejado tanto de los instintos primitivos que dedicamos buena parte del d�a a evitar cocinar, evitar la comida, evitar comer, y tenemos platos precocinados en envases de pl�stico. No estamos programados para vivir as�. Gran parte del impulso biol�gico que nos llevaba a cazar, recolectar y cocinar durante horas viene de que disfrutamos la comida: es mucho m�s que combustible, es muy importante para la estructura social, sobre c�mo nos relacionamos. Cuanto m�s nos alejamos de eso, peor es la salud metab�lica. Los pa�ses que dedican menos tiempo a compartir comida cocinada en la mesa tienen peor salud metab�lica. Es una asociaci�n, no una causalidad. Y se observa que donde la alimentaci�n no se prepara ni se disfruta en comunidad es donde hay m�s distancia entre la producci�n y el consumo. La salud empeora. Y se produce a otra paradoja. Mientras una industria se centra en facilitarnos la vida con los alimentos ultraprocesados, irrumpen los Ozempic que quitan las ganas de comer. �C�mo se conjuga todo?Tenemos estos nuevos f�rmacos GLP-1, que en el fondo nos han permitido bajar farmacol�gicamente el volumen del hambre. Lo interesante es que su principal efecto es apagar esos est�mulos externos que la industria alimentaria lleva a�os usando para provocar el sobreconsumo. El reto ahora es c�mo ayudar a las personas m�s vulnerables a la publicidad y a la hiperpalatabilidad de los alimentos, las gen�ticamente m�s predispuestas a la obesidad, a enfrentarse mejor al entorno alimentario con ayuda de estos medicamentos, pero sin dejar de nutrirse con comida real. Es un poco triste, la verdad. Entonces, �estar sano se ha convertido en un lujo?Ahora mismo las personas sanas son minor�a. Es casi un lujo poder estar sano, y lo es porque la mayor�a de los adultos mayores de 60 a�os tiene ya al menos una enfermedad metab�lica. Adem�s, tenemos una poblaci�n que envejece. Ahora mismo, nuestro entorno no favorece la salud en la mayor�a de los lugares, y eso no est� bien, deber�amos sentir rabia por ello. Pero tambi�n significa que estar sano no es f�cil, hay que trabajarlo.La industria insiste en ponerlo f�cil promocionando productos sanos o healthy. �Es una trampa?En cuanto la gente se interesa por la salud intestinal o por la salud cerebral, esta industria se pregunta qu� reclamo puede poner en el envase. No es algo nuevo: en los a�os 80 era la salud cardiovascular. Todo era bueno para el coraz�n, bajo en colesterol, etc�tera. Ahora est�n muy de moda la salud intestinal y la inmunidad y proliferan lemas en el envase que empujan a comprar determinados productos. Lo que de verdad mejora la microbiota es un patr�n nutricional como la dieta mediterr�nea, o algo tan sencillo como incorporar un pu�ado de frutos secos al d�a. Son alimentos, no productos.Esto se une al reto de la publicidad de los GLP-1 dise�ados para una enfermedad –diabetes y obesidad– que se usan para adelgazar. �C�mo se borran todas las falsas expectativas y malos usos?El reto hoy es optimizar estos f�rmacos para el paciente que realmente los necesita. No podemos olvidar que se dise�aron para la aterosclerosis, la obesidad y la enfermedad cardiometab�lica, y la gente tiene que entender que son pacientes, no clientes. Buena parte del problema tiene que ver con el relato que se ha construido alrededor de ellos: en internet, muchos influencers hablan de microdosificarlos, tomar un poco aqu� y all�, y se ha normalizado usarlos como un simple biohack. Pero de la misma forma que nadie tomar�a insulina o levotiroxina [f�rmaco para la tiroides] solo por diversi�n, para perder algo de pesono deber�amos tomar los GLP-1 a la ligera.Serena Bolton"Nos hemos obsesionado tanto con el hambre, el peso y la grasa corporal que eliminamos el placer por comer"�C�mo se puede conseguir cuando se vende que lo f�cil es el f�rmaco o no comer?Siempre que sea posible es mejor comprar los ingredientes frescos y cocinarlos, aunque el ultraprocesado suele ser la opci�n m�s barata. Eso es muy triste, porque las poblaciones con mayor riesgo de obesidad son precisamente los hogares m�s pobres. Estos tienen aproximadamente el doble de probabilidad de sufrir obesidad que los m�s ricos.En la medicina de este siglo se insiste en la personalizaci�n de los abordajes terap�uticos: no todos respondemos igual cuando tomamos una aspirina. En el campo de la Endocrinolog�a, usted aboga por lo mismo: no hay una dieta ni pauta est�ndar para todos. Pero, �cu�les son las recomendaciones comunes?Aunque por fuera nos parezcamos, por dentro somos muy distintos y respondemos de forma diferente ante los mismos alimentos. Hay estudios en gemelos que comparten el 99% del ADN que ejemplifican esto, ya que s�lo comparten entre el 20% y el 25% de su microbiota intestinal. Existe un nivel de recomendaci�n v�lido para la mayor�a: comer m�s vegetales, beber sobre todo agua, concentrar la ingesta en las horas de luz y evitar comer demasiado por la noche. Pero luego hay que mirar por grupos: si eres una mujer embarazada, hay recomendaciones espec�ficas para ti. Si eres un hombre de 60 a�os, tambi�n las hay. O, por ejemplo, sabemos que en la menopausia ciertos patrones diet�ticos ayudan con los s�ntomas, o que los adolescentes necesitan determinados nutrientes.