Esto es un sinvivir. Sin que se haya pasado la resaca de los alimentos ricos en proteínas, llega una nueva moda diseñada con escuadra y cartabón que pone en el mercado alimentos y suplementos con alusiones a los fármacos GLP-1. La sensación que queda entre los usuarios –no digamos entre los dietistas-nutricionistas– es similar a cuando se empalman dos olas de calor: hartazgo y desgana.Los fármacos tipo GLP-1 se llaman así por las siglas de “péptido similar al glucagón tipo 1”, siendo esta una hormona que el cuerpo libera al comer y participa, entre otras cosas, en la regulación de la glucosa, el vaciamiento gástrico y la sensación de saciedad. El principio activo semaglutida –comercializada bajo las marcas Ozempic, Wegovy o Rybelsus– y muchos otros, como tirzepatida (Mounjaro), liraglutida (Victoza o Saxenda) y dulaglutida (Trulicity), nacieron en el ámbito del tratamiento de la diabetes, pero han saltado a la fama por su efecto sobre el apetito y el peso. Este es su principal atractivo, y la causa de la revolución comercial que se ha generado a su alrededor¿Puede un fármaco condicionar de forma significativa el mercado de alimentos? Sin duda: en Estados Unidos, el fenómeno ya tiene escala de mercado. Una encuesta de KFF sitúa en el 12% la proporción de adultos que declaran estar tomando actualmente medicamentos GLP-1. Un estudio de mercado con un título revelador –Los juegos sin hambre: cómo la adopción de medicamentos GLP-1 está transformando el consumo de alimentos– encontró que los hogares con al menos un usuario de GLP-1 redujeron su gasto en el supermercado un 5,3 % en los seis meses posteriores al inicio del tratamiento; en hogares de mayor renta, la caída fue del 8,2 %. También se detectó una reducción del 8 % en restaurantes de servicio rápido, cafeterías y establecimientos similares.En Europa la penetración es mucho menor (de momento). Según un análisis de los mercados, alrededor del 2 % de los adultos europeos usa GLP-1, y estima que los usuarios reducen su ingesta calórica en torno al 15-20 %. En cualquier caso, fuentes ligadas a la economía creen que el mercado global de GLP-1 alcanzará unos sorprendentes y redondos 100.000 millones de dólares en 2027, identificando cambios significativos tanto en la forma en que se comercializan como en la que se demandan y se terminan consumiendo los alimentos y bebidas. Para abundar en este tipo de detalles, te invito a visitar el último episodio del podcast A la guerra con una cuchara de Laura Caorsi y Beatriz Robles, en el que tratan este tema. Alimentos “amigos” de los medicamentosEstamos ante un hecho difícilmente comparable con modas anteriores: esta vez es una familia de medicamentos –y no una enfermedad–, la que condiciona el márketing, la publicidad y hasta el etiquetado de alimentos ordinarios, snacks, platos preparados o batidos. Ese es el salto relevante del reclamo “GLP-1 friendly” en los alimentos, que está haciendo furor en Estados Unidos. Para sorpresa de nadie, las principales multinacionales de la alimentación y ciertas cadenas de comida rápida han sido las primeras en hacer sus apuestas en una carrera amañada; ya que se sabe de antemano cuál va a ser el caballo ganador –su balance de cuentas– e incluso el perdedor (los consumidores) a base de explotar su buena fe y esperanzas. Porque, no nos engañemos, el auge de los productos vinculados a análogos de GLP-1 afecta a los usuarios de esta clase de fármacos, pero más aún a los que no se medican.En este contexto, la empresa de capital suizo Nestlé ha creado una línea específica de platos preparados congelados para el mercado estadounidense que usa esta clase de medicamentos. Se trata de Vital Pursuit, que cuenta incluso con una página en español para que la población hispanohablante “se beneficie” de su creación. Consta de una nutrida oferta de pizzas, platos de “inspiración” italiana a base de pasta, guisos de “inspiración” mexicana e incluso sándwiches (sí, congelados para uso directo en la air fryer o el microondas). Cada envase luce más declaraciones nutricionales y “medallas” que la guerrera de Hermann Göring. Entre tanta condecoración, la de las proteínas es la reina. Cada porción, siempre en envases individuales, informa que tiene chorrocientos gramos de proteína, además innumerables referencias a vitaminas y minerales, por no hablar de la alusión a su cantidad de fibra. La francesa Danone ha introducido en el mismo mercado, Oikos fusión que, aunque no hace ninguna referencia a GLP-1 en el envase, basa toda su campaña de márquetin en menciones al asunto (se puede comprobar tanto en las principales webs que estudian el mercado alimentario como en la web oficial de la empresa). No solo multinacionalesEl comercio minorista, o no tan minorista, ha modificado su oferta para acomodarla al abrigo del asunto farmacológico: Conagra, dueña de marcas masivas como Birds Eye y Gardein, es una de las empresas más agresivas en este espacio. Se inventó un distintivo propio llamado On Track impreso directamente en más de 26 variedades de sus comidas congeladas. Se trata de raciones presentadas como “GLP-1 friendly” en base a sus características nutricionales.Daily Harvest, marca de suscripción y venta minorista de comida saludable y ecológica a base de vegetales, reaccionó rápidamente a la tendencia y creó la gama Daily Harvest GLP-1 Companion Food Collection.ModifyHealth, enmarcada en el sector de la comida a domicilio, introdujo el menú exclusivo GLP-1 Support.Smoothy King, especializada en batidacos con nombres tan sugerentes como Gladiator, Keto-Champ, Power Meal Slim o Activator Recovery, también se ha subido al carro, incluyendo en su oferta recetas diseñadas para complementar el uso de fármacos GLP-1.Un dato, a mitad de camino entre la revelación y el escalofrío, es que buena parte de estos productos no acaba en hogares con usuarios de GLP-1. Según Associated Press, el 77 % de las ventas de Vital Pursuit, la línea de Nestlé, se enmarcaba en hogares donde nadie los utilizaba. Esto sugiere que la etiqueta no solo funciona como un reclamo para pacientes, sino como una especie de guía aspiracional para consumidores que buscan adelgazar, controlar el apetito o comprar productos de última generación (o con toda la parafernalia de serlo). Se vende la idea de una forma de comer asociada a Ozempic, sin Ozempic.Para una persona usuaria de GLP-1, los objetivos dietéticos pasarían por incluir raciones pequeñas, suficiente en proteína, una cantidad de fibra adecuada –es decir, tolerable–, buena hidratación, alimentos densos en vitaminas y minerales y con poca carga de grasa saturada, azúcar y ultraprocesados. Siendo necesario, además, ajustar siempre el patrón dietético a los síntomas digestivos y contexto clínico. La Cleveland Clinic recomienda priorizar frutas y verduras, proteínas magras como pescado, pollo, tofu o legumbres, y cereales integrales como avena o quinoa. Por su parte, la guía clínica de consenso entre las principales asociaciones internacionales en el manejo de la obesidad insiste además en dietas mínimamente procesadas, prevención de déficits y ejercicio de fuerza. Hasta aquí, todo razonable. Los alimentos “GLP-1 friendly” parten de una necesidad nutricional real: si se come menos, conviene comer mejor. Pero, ¿qué pasa cuando esa necesidad se convierte en una categoría comercial de platos preparados, batidos y raciones individuales que reducen la alimentación a proteína, fibra y control calórico? En algunos casos pueden ser cómodos; en otros, pueden ser productos de conveniencia con una etiqueta que refiere a elementos que están de moda. Pongamos como ejemplo una de las opciones de Nestlé, Vital Pursuit Cauliflower Crust Three Meat Pizza, que aporta 400 kilocalorías y un 32 % del valor diario recomendado de proteína, pero también un 40 % del valor diario que se recomienda no superar de sodio y grasa saturada, (con 18 gramos de grasa por ración). Es decir, el producto puede cumplir con el relato proteico y el de la fibra y, al mismo tiempo, presentar un perfil nutricional discutible como para tomarlo como una opción saludable.Por su parte, Smoothie King presenta sus batidos GLP-1 como ricos en proteína, fibra y sin azúcares añadidos, pero su Gladiator GLP-1 Vanilla, contiene más calorías, sodio y colesterol que, por ejemplo, un donut básico de Krispy Kreme. La comparación no significa que el donut sea mejor, sino que el reclamo “GLP-1” puede generar una percepción de salud que no siempre resiste una lectura completa del perfil nutricional.No podemos olvidar que, desde una perspectiva comercial, estas raciones –que son siempre individuales– no son solo una ayuda para controlar la cantidad; también son una forma de vender menos cantidad con un supuesto valor añadido. Se adquieren por la sensación de control, la comodidad y el relato convincente que esgrimen en sus etiquetas. La cuestión por tanto no es si llevan proteína, sino si ayudan a comer mejor que una alternativa normal basada en alimentos frescos, legumbres, lácteos sencillos, huevos, pescado, verduras y fruta: muchas veces, la respuesta será un contundente “no”.En este mercado, “USA is different”No creo que nadie dude respecto a que, si dependiera de las marcas, ya tendríamos el maremoto del “GLP-1 friendly” por estos lares. Pero en este caso hay que cambiar el aforismo, porque para estas cuestiones regulatorias “USA is different”: para que me entiendas, lo suyo es un poco “pradera sin ley” (si te gusta el western clásico, una peli indispensable). En Estados Unidos, esta clase de marketing habita en una zona de escasa regulación; a diferencia del contexto normativo europeo, formulado bajo el principio de precaución, allí se mueven más por el principio de “libertad de expresión comercial”. Es decir, parten de un enfoque de regulación basado en demostrar la existencia de un daño real –conocido como ex post– amparado habitualmente bajo la Primera Enmienda. A pesar de eso, la avalancha de alimentos con alusiones a medicamentos en EE.UU es algo que ya preocupa a dietistas, juristas y organizaciones de consumidores. Si bien no consta todavía una regulación específica y cerrada para la etiqueta “GLP-1 friendly”, sí existe un clima creciente de vigilancia frente a alegaciones que parasitan la popularidad de estos fármacos.En el marco europeo, esto tendría un encaje muy problemático en alimentos o complementos. En primer lugar, cualquier declaración de esa naturaleza debe suscribirse al Reglamento 1924/2006 sobre declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos. En este texto se advierte que una declaración de propiedades saludables es cualquier afirmación en etiquetado, marketing o publicidad –incluidas las webs de los fabricantes– según la cual, el consumo de un alimento o componente puede aportar beneficios para la salud. Parece razonable pensar que cualquier mención a un fármaco de obligada prescripción médica en el envase o publicidad de un alimento, tendría muchas papeletas para interpretarse como una declaración de salud.En segundo lugar, el Reglamento 432/2012 y Registro comunitario establece una lista de declaraciones saludables permitidas. AESAN recuerda que las declaraciones autorizadas y sus condiciones de uso están incluidas en el mencionado Registro. En este caso, “GLP-1 friendly” o cualquier otra con similar significado, no aparece.Por último, el Reglamento 1169/2011 prohíbe que la información alimentaria atribuya a un alimento propiedades de prevenir, tratar o curar una enfermedad humana, o que haga referencia a esas propiedades. En nuestro caso, si un alimento se presenta como adecuado para personas que toman fármacos prescritos para la obesidad, la diabetes u otras condiciones, entraría de lleno en una zona de riesgo, por no decir prohibida.Los complementos, siempre los complementosAunque no es algo de dominio general, el dato es incontestable: los complementos alimenticios –o suplementos– son alimentos a efectos regulatorios. Cierto es que no son “alimentos” en sentido culinario, pero sí entran en normativa alimentaria y, por tanto, no pueden moverse como si fueran un medicamento, ni insinuar efectos terapéuticos por la puerta de atrás (tal y como reflexiona el jurista Francisco José Ojuelos Gómez en su obra El Derecho de la Nutrición). De hecho, AESAN los define como productos alimenticios destinados a complementar la dieta normal, con nutrientes u otras sustancias con efecto nutricional o fisiológico, comercializados en forma dosificada. La misma AESAN recuerda también a los consumidores que no sirven para curar ni tratar enfermedades. Pero la liga de los suplementos va por libre. Ya han aparecido en el mercado “productos para el control del peso” con menciones a un efecto similar –o como coadyuvantes– de los fármacos GLP-1 a partir de componentes “naturales”. Reclamos difícilmente compatibles con la normativa alimentaria que Autocontrol –de la Publicidad– ayudó a desmontar en uno de los casos tras la reclamación de un particular (en concreto, la de un servidor). Tristemente, la existencia de suplementos con menciones a GLP-1 son cercanas a infinito: mientras la administración no regule de oficio este vergonzoso mercado, lo que hagan los particulares será como matar moscas a cañonazos, y con el mismo efecto que el cortar una cabeza a la Hidra de Lerna.Sigue a El Comidista en Youtube
Del Ozempic al supermercado: la nueva y engañosa moda de los alimentos ‘GLP-1 friendly’
Los comestibles para usuarios de fármacos para adelgazar viven un boom en EEUU: por primera vez en la historia, un tipo de medicamento condiciona el márketing y el etiquetado de comidas ordinarias










