El éxito de medicamentos como Ozempic, Wegovy o Mounjaro para el tratamiento de la obesidad han convertido la hormona GLP-1 en uno de los mayores reclamos de la industria del bienestar. Estos fármacos actúan imitando la acción de esta hormona, que el organismo produce de forma natural después de comer y que contribuye a aumentar la sensación de saciedad, retrasar el vaciado del estómago y reducir el apetito, lo que provoca una pérdida de peso rápida y relativamente sencilla. “El GLP-1 es una hormona que producimos de forma natural en el intestino cuando ingerimos alimentos. Forma parte de las señales de saciedad que permiten mantener un equilibrio en la ingesta de energía”, resume Inka Miñambres, miembro del comité gestor del área de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).El auge de los medicamentos agonistas del GLP-1, que han demostrado una eficacia muy superior a la de otros tratamientos para perder peso, ha llevado a muchas personas a preguntarse si es posible obtener un efecto similar simplemente modificando la alimentación. Es decir, activando de forma natural la hormona GLP-1 para lograr efectos similares a los de estos medicamentos. Es lo que se conoce como dieta GLP-1, que ha surgido aprovechando la coyuntura y, como gran parte de las dietas que se ponen de moda, a menudo acompañada de promesas poco realistas.Lee tambiénMujer sostiene una inyección de GLP-1Getty ImagesLa pregunta es si realmente existe un patrón de alimentación capaz de reproducir los efectos de estos medicamentos o si, simplemente, estamos ante una nueva etiqueta nutricional con más marketing que sustancia. “La respuesta es un poco las dos cosas, aunque probablemente hay mucho de marketing”, afirma Miñambres. La especialista recuerda que el GLP-1 no es nada nuevo ni exclusivo de los medicamentos para adelgazar. “Sí existen alimentos capaces de estimular de forma natural la secreción de GLP-1, pero eso no significa que exista una dieta equiparable al tratamiento farmacológico que pueda conseguir los mismos efectos”, señala.Existen alimentos capaces de estimular de forma natural la secreción de GLP-1, pero eso no significa que exista una dieta equiparable al tratamiento farmacológico”Inka MiñambresMiembro del comité gestor del área de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y NutriciónDe hecho, lo que en ciertos entornos se describe como dieta GLP-1, en otros simplemente se denomina dieta mediterránea. “Algunos alimentos, como los ricos en fibra, las grasas saludables o una adecuada ingesta de proteínas, parecen tener un mayor efecto estimulador sobre la secreción de GLP-1, pero no debemos confundir esto con que exista una dieta con el mismo potencial de reducción de peso que un fármaco”, advierte Miñambres.Los alimentos que suelen incluir estos patrones de alimentación tampoco resultan especialmente novedosos. Legumbres, frutas, vegetales, cereales integrales, aceite de oliva virgen extra, frutos secos, pescado, huevos, yogur o kéfir aparecen con frecuencia entre las recomendaciones, junto a una reducción de los ultraprocesados y de los alimentos ricos en azúcares añadidos. Es decir, los mismos pilares sobre los que desde hace décadas se sustenta la dieta mediterránea y cualquier guía de alimentación saludable.Estos son algunos de los grupos de alimentos que están presentes en la dieta mediterráneaEn este sentido, Miñambres recuerda que este patrón alimentario tampoco está pensado únicamente para quienes desean perder peso. “Si observamos los alimentos que parecen estimular la secreción de GLP-1, vemos que son los propios de una dieta saludable. Es una forma de comer recomendable para la población general, no solo para las personas que desean adelgazar”, señala la endocrina.El hecho de que una determinada forma de comer reciba ahora un nuevo nombre tampoco significa que estemos ante una revolución nutricional. El dietista Pablo Ojeda, miembro de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), recuerda que el término “dieta” se ha ido desvirtuando hasta tal punto que se ha acabado convirtiendo en un sinónimo de restricción y soluciones rápidas, cuando en realidad procede del griego diaita, que significa “régimen de vida”.Ojeda insiste en que la evidencia sigue apuntando en la misma dirección: los cambios que realmente funcionan son aquellos que pueden mantenerse durante años, no durante semanas. “Lo ideal para llevar una alimentación saludable es escoger alimentos sanos el 85% del tiempo”, explicaba, reservando un pequeño margen para disfrutar ocasionalmente de un helado, un pastel o cualquier otro alimento que forme parte de la vida social y emocional de las personas. La culpa, concluye, “es una de las grandes enemigas de una alimentación sana”.
En qué consiste la dieta GLP-1, el último fenómeno tras el éxito de Ozempic
El auge de los medicamentos agonistas del GLP-1 ha llevado a muchas personas a preguntarse si es posible obtener un efecto similar simplemente modificando la alimentación









