En pensiones, durante años hemos centrado la conversación casi exclusivamente en el ahorro: cuánto aporta la empresa, cuánto acumula el partícipe o qué incentivo fiscal existe. Pero el verdadero reto no es ahorrar todo lo posible hasta los 67 años, sino cómo mantener el gasto a partir de ese momento.El aumento de la esperanza de vida (81 años en los hombres y 86 en las mujeres) está suponiendo que pasemos más de dos décadas en jubilación. La pregunta es inevitable: ¿cómo sostendremos 20–25 años de gasto sin perder poder adquisitivo?

Este cambio de perspectiva obliga a poner el foco en la inversión dentro de los planes de pensiones de empleo. El cambio regulatorio reciente —Ley 12/2022— impulsa el segundo pilar como complemento a la pensión pública. Sobre el papel, la propuesta es difícil de mejorar: comisiones de gestión entre las más bajas de Europa, aportaciones adicionales por parte de la empresa y diferimiento fiscal del salario hasta la jubilación.

Sin embargo, todavía hay dos retos pendientes para confiar plenamente en este sistema: por un lado, que las empresas generalicen este modelo de compensación para ampliar la cobertura (actualmente, apenas el 15% de los trabajadores en España cuenta con planes de empleo); por otro, que estos planes generen valor real a largo plazo.