Llegar a la jubilación con bienestar económico es una preocupación común entre los españoles, máxime cuando el sistema de pensiones está mostrando debilidades que pueden hacernos pensar en que la pensión pública no será suficiente para mantener nuestro nivel de vida. Ante esa perspectiva, la única solución es ahorrar de manera privada, pero no siempre se hace de la manera correcta. “Empezar tarde, no ser constante y no ajustar el nivel de riesgo al plazo son factores que penalizan directamente el resultado, porque implican renunciar al principal aliado del inversor: el tiempo”. Así de claro se muestra Borja Cuevas, del equipo de asesoramiento financiero a empleados de Mapfre Gestión Patrimonial. Repasamos los principales errores que se deben evitar para que el esfuerzo de guardar para el futuro logre los mejores resultados.No automatizar el ahorro Para José Luis Manrique, director de estudios del Observatorio Inverco, probablemente el error que genera más daño económico a largo plazo es “aportar de forma irregular y sin disciplina, es decir, solo cuando nuestros gastos nos lo permiten”. En su opinión, es mucho más eficiente mantener una disciplina de ahorro periódico, en línea con los objetivos que nos hemos marcado, “incorporando la aportación, aunque sea modesta, como si fuera un gasto necesario más. A largo plazo, la estrategia de aportaciones sistemáticas es mucho más eficaz que aportar cantidades más importantes, pero solo ocasionalmente”.También David Herrando, director general de Pensumo, remarca que la jubilación no se prepara con esfuerzos puntuales, sino con constancia, “por eso es importante defender fórmulas que integren el ahorro en la vida cotidiana y lo conviertan en un gesto casi automático”. Además, realizar el ahorro de forma periódica “permite distribuir las aportaciones en el tiempo y reducir el riesgo asociado al momento de entrada en el mercado”, observa Fernando Enríquez, director de negocio ahorro de VidaCaixa, en referencia a la evidencia histórica que muestra que, a medida que aumenta el horizonte temporal, “las correcciones que pueden experimentar activos como la renta variable tienden a diluirse, favoreciendo una evolución más estable de la rentabilidad”.No planificar el objetivo Otro fallo recurrente es no tener un objetivo claro. “Ahorrar por ahorrar sin estimar necesidades, lleva a infravalorar el esfuerzo requerido”, advierte José Manuel Jiménez Rodríguez, director del Instituto Santalucía.Para José Luis Manrique, “decidir cuándo queremos jubilarnos y cuánto vamos a necesitar como extra de nuestra pensión pública es fundamental para definir nuestras aportaciones” y poder realizar la planificación más adecuada.Además, la evolución del sistema refuerza la necesidad de anticipación. “La tendencia apunta a una reducción progresiva de la tasa de sustitución, lo que implica que la pensión pública cubrirá una menor parte de los ingresos previos”, resalta Enríquez. Por ello, “planificar la jubilación deja de ser solo una cuestión financiera para convertirse en una decisión que impacta directamente en la tranquilidad futura”, resume Cuevas.¿Cómo se calcula la cuantía necesaria? “En la práctica, se suele estimar qué renta anual se quiere obtener de tu ahorro y se transforma esa renta en un capital objetivo usando una tasa de retirada prudente (es decir, qué porcentaje aproximado puedes extraer de tu patrimonio cada año sin agotarlo demasiado rápido), ajustada a tu horizonte temporal y a cómo inviertes”, detalla Jiménez Rodríguez.Radiografía del ahorrador españolConservadores. El 57% de los ahorradores españoles mantiene un perfil de inversión conservador, mientras que la cifra de inversores con un perfil dinámico alcanza el 11%, recoge los datos del IX Barómetro del Ahorro del Observatorio Inverco publicado a finales de 2025. Este estudio refleja también que el porcentaje de ahorradores que invierte con un horizonte superior a tres años se sitúa en el 51%, 16 puntos más que hace seis años, consolidando la tendencia hacia la planificación financiera y la inversión a largo plazo que comenzó en 2021, y los que lo hacen con un horizonte superior a cinco años se sitúa en el 33%, 11 puntos más que hace seis años. Comparativa. El 49% de los españoles no ahorra para la jubilación, nueve puntos porcentuales por encima de la media europea, revela la IV Encuesta Paneuropea de Pensiones de Insurance Europe. Entre aquellos que no lo hacen, un 56% manifiesta su intención de hacerlo en algún momento, aunque solo un 8% planea materializar este deseo en un futuro cercano. Por otra parte, este informe concluye que el 25% de los encuestados españoles cuenta con un plan de pensiones individual, seis puntos por debajo de la media europea. La brecha más pronunciada respecto a los europeos la presentan aquellos que ahorran a través de un plan de empresa: solo el 15% de los participantes españoles, frente al 28% de los europeos.Preocupación. La V edición del estudio Hábitos y percepción de los españoles respecto al sector bancario 2026, elaborado por el neobanco Nickel, desvela que para el 61% de los encuestados la dificultad para ahorrar o planificar el futuro es uno de los aspectos de su situación financiera que más influye en su bienestar emocional. A esta preocupación se suma la incertidumbre por el coste de la vida, señalado por el 64,6% de los españoles, así como la dificultad para afrontar gastos imprevistos, mencionada por el 50,9%.Ser muy conservador cuando no toca Herrando cree muy importante que quienes ahorren para la jubilación entiendan que “la inflación puede convertirse en un enemigo silencioso cuando el dinero permanece demasiado tiempo en productos de baja rentabilidad. Dicho de otra forma: no solo hay que proteger el dinero, también hay que hacerlo crecer”.Pero ¿qué es más peligroso, pasarse de riesgo o quedarse corto? Según el análisis del experto del Instituto Santalucia, ser demasiado conservador a los 35 o 45 años tiene un coste muy claro: “Tu dinero puede crecer por debajo de la inflación, pierdes poder adquisitivo año a año y llegas a la jubilación con un capital muy inferior al potencial”. Por esa razón, a horizontes de 20-30 años, suele ser más dañino “quedarse corto de riesgo” de forma sistemática que asumir algo más de riesgo bien diversificado y soportar volatilidad intermedia. Eso sí, añade Jiménez Rodríguez, “se vuelve más peligroso cuanto más te acercas a la jubilación. Idealmente, el riesgo debe ser mayor cuando eres joven y puedes recuperarte de caídas y menor según se acorta el plazo”. “Desde una perspectiva de ciclo de vida, el principal riesgo a largo plazo suele estar más vinculado a no asumir suficiente riesgo que a asumir demasiado”, opina el director de negocio ahorro de VidaCaixa. No obstante, este equilibrio debe gestionarse de forma dinámica: “Es clave combinar crecimiento en las fases iniciales con protección progresiva del capital a medida que se acerca la jubilación, ajustando la estrategia a la evolución de las necesidades y del perfil del cliente”.Subestimar la longevidad El aumento de la esperanza de vida está ampliando de forma significativa los años que vivimos jubilados, por lo que uno de los grandes errores es subestimar la duración de la jubilación y sobrevivir a nuestros propios ahorros. En España es habitual hacer cálculos pensando en que viviremos 10 o 15 años más tras el retiro. Sin embargo, la realidad es que cada vez es más común cumplir 90 años, “lo que implica necesitar más recursos de los previstos. Además, no basta con llegar con un capital, sino que hay que gestionarlo durante toda esa etapa”, recuerda Cuevas.De hecho, ignorar el riesgo de longevidad, es decir, la posibilidad de vivir más años que los previstos inicialmente, puede comprometer la estabilidad financiera futura y nos podemos encontrar “sin dinero cuando además tienes necesidades económicas crecientes y depender exclusivamente de la pensión pública justo cuando más lo necesitas”, alertan en Santalucia. Para mitigarlo, “resulta clave complementar la pensión pública con soluciones que permitan convertir el ahorro en ingresos recurrentes y predecibles, como las rentas vitalicias, que garantizan un flujo periódico de por vida y aportan certidumbre en un entorno de mayor longevidad”, concluyen en VidaCaixa. Los costes de no preparar a tiempo ni bien la hucha para el retiroEmpezar a ahorrar a una edad u otra supone asumir un coste enorme. Íñigo Peña, presidente del Registro de Economistas Asesores Financieros del Consejo General de Economistas (EAF-CGE), lo explica poniendo como ejemplo una aportación de 5.000 euros al año, logrando una rentabilidad media del 5% anual hasta los 65 años. Si se empieza cuando se tiene 25 años (es decir, el periodo de aportación se extiende durante 40 años), el capital final ronda los 639.000 euros. Si se inicia al cumplir los 35 (el periodo pasa a ser de 30 años), baja a 354.000 euros; a los 45 (20 años), a 179.000 euros y a los 55 (solo 10 años), a 71.000 euros. La diferencia es notable. “Lo más relevante no es solo que el capital final se reduzca al retrasar el inicio, sino cómo se reduce: cada salto de diez años no resta una cantidad fija, sino que exige multiplicar la aportación anual por un factor cada vez mayor para llegar al mismo objetivo”, subraya. En concreto, pasar de comenzar a los 25 años a hacerlo a los 35 ya obliga a multiplicar el ahorro anual por 1,8 si se quiere llegar al mismo capital; pasar de los 35 a los 45 obliga a multiplicarlo por 2, y pasar de los 45 a los 55, por más de 2,5.El nivel de riesgo al que se expone el dinero a diferente plazo también tiene consecuencias relevantes. “El coste es mucho mayor de lo que sugiere la intuición, precisamente porque el efecto se acumula año tras año”, recalca el presidente de EAF-CGE. Y lo ilustra con otro ejemplo. El de alguien que aporta 300 euros al mes y que, en lugar de mantener una cartera con una rentabilidad media del 7% anual, opta por una cartera muy conservadora, en torno al 2% anual, es decir, con cinco puntos de diferencia de rentabilidad al año. Con un horizonte de 30 años, el total aportado sería de 108.000 euros, sin embargo, “con la cartera más dinámica, el capital final rondaría los 351.000 euros, mientras que con la conservadora, serían unos 147.000 euros”. Hay una diferencia de 203.000 euros. Si fijamos el horizonte en 25 años, el total aportado sería de 90.000 euros: la cartera dinámica llegaría a unos 235.000 euros, frente a 116.000 euros de la conservadora, una diferencia de casi 119.000 euros. “Ser demasiado conservador durante toda la etapa de acumulación tiene un coste de oportunidad que, como se ha visto, se mide en decenas de miles de euros. La clave no es elegir entre un extremo u otro, sino ajustar el nivel de riesgo al horizonte temporal real: más peso en activos de crecimiento cuando quedan muchos años, y una transición progresiva hacia posiciones más conservadoras a medida que se acerca la jubilación”, insiste.
Ahorro para la jubilación: cuatro errores a evitar (además de comenzar tarde)
Las claves son ser constantes, con una planificación clara de objetivos, graduar el nivel de riesgo según la etapa y recordar que la hucha tiene que durar más años












