¿Qué es eso del “concebido no nacido” y por qué está de pronto en el centro de tantas conversaciones? Isabel Díaz Ayuso ha anunciado una normativa en la Comunidad de Madrid a este respecto que es, cuanto más, insulsa en sus efectos reales y en lo que propone, pero relevante, una vez más, en la batalla discursiva. Una batalla que forma parte de una agenda política internacional extremadamente peligrosa en torno a las “familias correctas” que no debemos ignorar.

Entre la visita del papa y estas conversaciones llevamos unas semanas como si estuviésemos en otra época, con olor a naftalina, curas dictando leyes y políticos devenidos en burdos opinadores que mezclan términos religiosos y científicos sin pudor. Díaz Ayuso sabe perfectamente que regular en torno a una figura tan difícil de definir como el “concebido no nacido” es muy difícil, además de peligroso e injusto. La normativa en sí pone habla más bien de las unidades familiares, asimilando las familias en las que hay mujeres embarazadas a aquellas en las que ya hay menores para calcular cuestiones como el nivel de renta per cápita al acceder a algunas ayudas. El núcleo central de la norma es poder adelantar el reconocimiento de estas unidades familiares como “familias numerosas” en caso de cumplir el resto de criterios, una asimilación que se podrá pedir a partir de las 14 semanas de gestación y que se deberá justificar tras el nacimiento. Poco más que eso.