Sara Aminiyan y Martina Madaula se conocieron como voluntarias en un campo de refugiados en Grecia en 2021, cuando la ruta de África occidental hacia las Islas Canarias era ya una de las rutas migratorias más mortíferas del mundo. Ambas querían exponer lo que estaba pasando ahí, pero desde la perspectiva de las mujeres. “Veíamos que los hombres estaban siempre en el centro de la narrativa, y lo que queríamos era contar las historias de ellas: de las que deciden migrar, pero también de las que deciden quedarse o volver”, explica Aminiyan a este diario en una entrevista por videollamada. Cinco años después, y con la periodista Anna Enrech y la socióloga Marta Hormaechea en el equipo, han publicado Soeurs (hermanas en castellano). Migrar, permanecer, volver, resistir, un título que hace referencia a la forma en la que se llaman las protagonistas entre ellas. El fotolibro, publicado por Fuera de Ruta, sigue las rutas migratorias de las mujeres a través de cinco escenarios: en Guinea y Senegal, países de origen; en Marruecos, país de tránsito; en Canarias, puerta de entrada a España y a la Unión Europea (UE) y en Cataluña, uno de los destinos. OrigenEn el primer segmento, Guinea: desde el punto cero, hay historias de mujeres muy jóvenes que tienen claro que quieren irse a Europa para trabajar y ayudar económicamente a sus familias, como Mama Aissata, de 11 años. O madres como Fatou y Mariam, que recuerdan a sus hijos que murieron cuando intentaban migrar. Bah, hijo de Fatou, se fue de su país cuando tenía 16 años y murió en Argelia en un accidente de coche junto con otros jóvenes migrantes. Moussa, hijo de Mariam, murió después de meses de viaje al volcar en el Mediterráneo la balsa en la que salía de Marruecos. En esa ruta, la del Mediterráneo occidental, han muerto 240 personas en lo que va del año, de acuerdo con cifras de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). “Son varias las mujeres que viven aquí y que han perdido a sus hijos mientras estos emprendían el camino migratorio”, dice en el libro Fatoumata, que vive en Tougnifili, un pueblo rural en la región de Boké al oeste de Guinea.En el segundo capítulo, Senegal: Las que se quedan y las que vuelven, está Ndeye, que trabaja limpiando pescado en el mercado de Mbour. Así mantiene a sus tres hijos y cuatro nietos, a su marido retirado y a su hermano. Ndeye recuerda a su hijo Baba, que migró. También hay madres senegalesas que se marchan buscando mejores oportunidades para sus familias, como la de Awa. En el libro, relata que lo último que supo de su madre fue que logró llegar a Marruecos porque pudo hablar por teléfono con ella una vez, antes de perder el contacto por completo. Las autoras de Soeurs volvieron a Senegal en abril de 2025, cuatro años después de su primera visita, y notaron que algo había cambiado. En 2021, veían que lo común era que las mujeres se quedaran para hacerse cargo de los hogares y recibir las remesas, pero con el paso de los años, y cada vez más, las senegalesas también parten. Hay mujeres que buscan a sus hijos, como Mime Yair Bayern Diouf, presidenta de la federación de asociaciones en Senegal de familias de migrantes desaparecidos. Lo hace desde hace 16 años, cuando se fue a Europa en cayuco. De acuerdo con cifras de la OIM, desde 2014 se tiene registro de 35.144 migrantes desaparecidos en las rutas migratorias del Mediterráneo y 19.022 en los trayectos internos en África. TránsitoMarruecos: tránsito y bloqueo es un capítulo que concentra historias de personas de muchos sitios. Marruecos es un lugar de tránsito que, para algunos migrantes, termina convirtiéndose en destino. Fofana Namarro, de Costa de Marfil, llegó allí en 2014 con la idea de quedarse. En 2021 fundó una organización formada por mujeres migrantes que se apoyan y asesoran mutuamente, porque la mayoría llegan al país solas y sin red de apoyo. Una de ellas es Sally, que todavía sueña con alcanzar Europa. Quedarse en Marruecos no entraba en sus planes cuando salió de su país, pero desde 2019 trabaja en distintos empleos para mantener a sus cuatro hijos.DestinoEl capítulo de Canarias se sitúa en 2021, en un centro de acogida en Las Palmas. “En este capítulo, por ejemplo, contamos la violencia institucional que afecta específicamente a las mujeres. Durante el colapso en Arguineguín [en 2020], estaban llegando cada vez más mujeres con menores. Como parte del proceso administrativo de acogida, había que hacer una prueba de ADN para comprobar si los niños estaban biológicamente relacionados con las adultas con quienes viajaban, y si no era así, podían ser separados”, cuenta Enrech. En África, explica la coautora, es habitual que algunas madres pidan a otras familias que se lleven a sus hijos con ellas. “La separación, aunque no se trate de madres e hijos, es muy violenta”.Soeurs acaba el viaje en Cataluña. El capítulo habla de llegar y resistir, y cuenta la historia de mujeres migrantes como Awa, Mame y Dey, que trabajan haciendo trenzas a las turistas en la playa de la Barceloneta. “Buscamos humanizar estas historias de migración y lograr que el lector conozca las razones por las que ellas deciden hacerlo”, afirma Enrech.