Una mujer trajeada y con maletín camina por Adís Abeba frente al escaparate de una tienda de trajes tradicionales etíopes. Un hombre espera en silencio en mitad de una avenida. Unas jóvenes se trenzan el cabello antes de la festividad Ashenda en honor a la Virgen María en Tigray. Una pareja camina en silencio entre la niebla con un bebé cargado a la espalda. Dos mujeres acarrean por la calle unos bidones amarillos para recoger agua. Mientras, de fondo, se intuye el esqueleto de un edificio en construcción. Ninguna de las imágenes que cuelgan hasta el 30 de septiembre de las paredes de la Galería Sura en Madrid muestra una guerra o una hambruna. No hay campos de refugiados ni militares, tampoco rostros de mujeres supervivientes de violencia sexual, escenas que durante décadas han dominado la representación visual de Etiopía. Estas fotografías forman parte de la exposición Revelando el espacio, que reúne el trabajo de las fotógrafas etíopes Tsion Molla (Adís Abeba, 23 años) y Frewoyne Gebru (Mekele, 26 años) y propone una ruptura con ese imaginario. Sin ignorar las heridas recientes del país, como la guerra en Tigray, o las desigualdades que acompañan al desarrollo, las dos autoras dirigen su cámara hacia lo cotidiano para mostrar esa Etiopía que muchas veces queda fuera del encuadre. “Es muy importante contar la guerra, pero hay que contar otras cosas también. La gente también toma fotos en su vida, sin más homenaje que a ellas mismas y a la gente que habita los mismos espacios que ellas”, explica Edith Arance, comisaria y responsable de este espacio situado en el sótano de Balqís, una librería especializada en África y Oriente Próximo del barrio madrileño de Arganzuela.África siempre ha sido fotografiada y revelada, primero por europeos y después por quienes llegaban allíEdith Arance, comisaria de 'Revelando el espacio'Arance, que descubrió el trabajo de ambas fotógrafas a través de Instagram, subraya que la noción de espacio es el eje de la muestra, que forma parte de esta edición de PHotoESPAÑA, dentro del Festival Off. “Se titula Revelando el espacio porque la palabra revelar tiene un doble sentido. Te revelo algo, pero también revelo una fotografía. Era bonito porque eran ellas mismas revelando las imágenes hechas en su propia tierra. África siempre ha sido fotografiada y revelada, primero por europeos y después por quienes llegaban allí [de otros lugares]”, afirma. “Es esta idea de un espacio que siempre ha sido visto desde fuera o explotado. Esta exposición no tiene, entre comillas, ninguna función. Simplemente ellas observan a través de sus lentes”, añade.En las imágenes de Molla, Adís Abeba se presenta como una ciudad compleja y contradictoria, donde conviven la transformación vertiginosa de una capital y la persistencia de las tradiciones. La fotógrafa captura desde los escombros de edificios derruidos que pronto darán paso a bloques de varias plantas hasta los grupos de mujeres tocando el begena, un instrumento tradicional etíope, durante las celebraciones del Domingo de Ramos, o dos pares de pies que comparten el cubículo del autobús y revelan las desigualdades que atraviesan a los habitantes de una de las economías que más crece del continente.“Me encanta la idea de conservar las tradiciones y normas que nos mantienen unidos como sociedad y que también forman parte de nuestra identidad… mientras aceptamos la modernidad sin sumergirnos completamente en ella de una manera que pudiera eliminar nuestra cultura y nuestros valores. Y eso es lo que busco: encontrarme a mí misma y a mi sociedad en ese punto intermedio”, explica Molla en un intercambio de mensajes por WhatsApp.La belleza entre las cicatricesEn las fotografías de Gebru, Tigray emerge como un territorio marcado por la memoria, la espiritualidad y la naturaleza, más allá de las imágenes de devastación asociadas a la guerra que asoló la región entre 2020 y 2022 y que, según diversas estimaciones, causó más de 600.000 muertes. “Hemos visto todas las cicatrices, todo el dolor, pero no hemos visto toda la belleza”, explica la fotógrafa en una conversación por videollamada. “Además del conflicto, de toda la crisis y el dolor, todavía hay belleza, amor, gente, tradición y cultura”, añade Gebru, que desde hace meses vive en Adís Abeba con unos familiares debido a la inestabilidad política en la región. Además de los paisajes montañosos y envueltos en nubes y los retratos de sus habitantes, la artista también ha incluido dos imágenes tomadas durante el conflicto. “He mostrado la belleza, pero también lo que hemos vivido”, explica. “Como fotógrafa también tengo que ser una voz”, añade. Las fotografías, que muestran a una mujer de espaldas camino de un entierro y a una niña caminando por lo que parece ser una carretera, se alejan de las típicas imágenes utilizadas para narrar los conflictos, explica Arance. “Son fotografías de guerra vistas por alguien que estaba [viviendo] allí”.La principal similitud entre nosotras es también la más importante: ninguna de las dos mira a sus sujetos a través de una mirada distante o extranjeraTsion Molla, fotógrafa“Creo que nuestras fotografías mantienen un diálogo hermoso y necesario. Aunque observamos distintas partes del mismo país, ambos trabajos están impulsados por un profundo amor hacia las personas y por el deseo de documentar la verdadera realidad de sus vidas”, enfatiza Molla. “La principal similitud entre nosotras es también la más importante: ninguna de las dos mira a sus sujetos a través de una mirada distante o extranjera. Como fotógrafas que pertenecemos a la realidad que documentamos, ambas miramos a nuestra gente con un profundo sentido de empatía, dignidad y cuidado”, añade.Sin embargo, ni Molla ni Gebru conciben su trabajo como una forma de activismo en el sentido tradicional, pese a que mostrar aquello que queda fuera del foco acabe cuestionando las representaciones dominantes. “Tsion Molla me decía: “Yo combato [estos estereotipos], pero no a través de la oposición literal, sino a través de la sensibilidad que se opone al espectáculo, la intimidad o la pausa. El mirar pausado, ese es su activismo”, explica Arance. “El activismo de Frewoyne Gebru es el mismo: hacer fotos en una tierra que se supone que solo está vinculada a la devastación. Me decían: ‘Si quieres llamar a eso activismo, pues lo es, sí, pero no era algo implícito”, añade la comisaria.“Siento que mi voz ha cambiado muchas perspectivas. No solo en África, sino también en Etiopía. Algunas personas ni siquiera saben dónde se hicieron las fotos y preguntan: ‘¿Dónde está esto? Esto no está en Tigray. Nunca hemos visto este tipo de fotografías. Nunca hemos visto esta belleza’, dicen. Así que, por supuesto, mi voz importa como africana, etíope y fotógrafa”, explica Gebru.Las dos fotógrafas hablan constantemente de recuerdo y preservación. Arance recuerda que, mientras preparaba la muestra, quiso saber cuál era el destinatario último de las fotografías de Molla. “Le pregunté: ‘¿Y tú para quién haces fotos?’. Y fue cuando ella respondió: ‘Para mí“.Molla quiere crear una memoria visual de Adís Abeba, una especie de archivo de la ciudad, a través de un proyecto en construcción que lleva como título People from Addis Ababa (Gente de Adís Abeba). “La mayoría de las personas que capturo son desconocidos en la calle. Puede que no me vean tomarles la foto, o que me noten durante un segundo y luego me olviden. Pero para mí se vuelven instantáneamente familiares”, explica la fotógrafa. “Al fotografiarlos, los llevo conmigo para siempre”.