Nueve entrevistas a personas migradas expertas en temas diversos, desde educación e investigación, hasta comunicación y derecho, son los protagonistas del libro I tu, d'on ets? (Y tú, ¿de dónde eres?) (Pagés Editores) en el que los periodistas Sònia Calvó y João França ponen sobre la mesa los retos de una sociedad diversa dando voz a personas migradas. Lo hacen, sin embargo, sin seguir el discurso habitual en el que el foco se pone en las historias personales de migración, sino que hablan de política y hacen política en cada página.Publicidad¿Por qué hacer ahora este libro?Fue un encargo que nos hicieron desde la editorial Pagès. La idea era hablar de migración en un momento en que es más importante que nunca hacerlo debido al auge de la extrema derecha, el crecimiento de Aliança Catalana y el aumento de discursos racistas y xenófobos.¿Cómo lo plantearon?Para nosotros era importante que no fuera un libro de expertos que hablaran sobre migración ni un libro de relatos en primera persona, que quizás es a lo que estamos más habituados. Tenemos personas en Catalunya que son migrantes o hijas de migrantes y que son expertas en muchos temas diferentes. Lo que esperaríamos es que se las tuviera en cuenta y no solo para hablar de migraciones. Hay mucha gente que no es migrante, ni hija de migrantes, y que sabe mucho de migraciones en el país, pero creemos que tienen muchos otros espacios donde se las tiene en cuenta.¿Intentan así romper los tópicos sobre los discursos de migración?Nos planteamos que no podemos hablar de migraciones sin hablar de racismo. El libro quiere romper los discursos tópicos sobre la migración. Cuando hablamos de migraciones nos preocupa quien sufre más violencia institucional, desde las fronteras hasta el día a día, pero queremos romper con esta idea de que migrar es migrar solo desde el sur global de los países pobres, hacia el norte y los países ricos. Migrar es algo que hacemos las personas.Pero no todas las migraciones se conciben de la misma manera.En la entrevista de Fabiola Mancinelli, que migró desde Italia, se habla de una realidad muy diferente de otras que aparecen. Ella hace investigación, precisamente, sobre personas que migran desde países quizás más ricos, o con situaciones económicas más favorables. Rompe el tópico de que migrar es una cosa de pobres y pone sobre la mesa que, cuando hablamos de migraciones, el problema que tenemos es el racismo y no el hecho de migrar.PublicidadEn el libro queda claro que Catalunya es racista; eso no quiere decir que lo sea más que otros, pero es evidente que es racista¿Catalunya es racista?En el libro queda claro que sí. No quiere decir que lo sea más que otros, pero es evidente que es racista. El racismo ha estructurado nuestra sociedad históricamente. Cheikh Drame en su entrevista explica que el racismo no es una cuestión moral de ser buenas personas o malas personas, que también. Sobre todo, es una cuestión de un sistema que reproduce unas dinámicas de desigualdad: segregación urbana en los barrios, segregación escolar, segregación en el mercado de trabajo...¿Se ha normalizado el racismo?Tú puedes ser muy buena persona, pero hay muchas actitudes racistas que no llegan al extremo. Pasa como con el machismo. Antes tú te imaginabas un machista y era un guardia civil cuñado diciendo que las mujeres tienen que estar en la cocina, pero hemos aprendido, como sociedad, que el machismo son muchas más cosas y que está muy insertado en nuestro día a día. Con el racismo pasa lo mismo, no es un señor neonazi levantando el brazo y diciendo que deporten a los negros, que también; es una estructura y estamos rodeadas de eso.¿Cómo se imaginan la Catalunya del futuro?Sònia Calvó: Recuerdo escuchar a Zuhal Sherzad, una de las mujeres que sale en Dones en lluita, en un acto de la revista 5W en el CCCB que decía que estamos como obligados a tener este optimismo y a salir adelante porque sino ¿cuál es el plan B? ¿Qué es lo que nos queda? Por muy negro que lo veamos todo y por complicado que sea, porque realmente en las encuestas sale lo que sale y la realidad cada vez es más complicada, tenemos que ser optimistas. Si no nos gusta lo que vemos, tenemos que intentar hacer algo para cambiarlo. João França: Yo creo que un elemento que hemos intentado hacer muy presente en el libro es la idea del presente. No es que Catalunya será un país más diverso, no es que vendrá migración, sino que ya es el país en el que vivimos. Debemos reconocer que esto no es algo nuevo y que no se puede cambiar. Para pensar en el futuro debemos pensar en lo que tenemos. Aquí hay un problema, porque tenemos la sociedad muy segregada y hay quien piensa que esto no es así, al mismo tiempo que hay quien cree que hay mucha más migración de la que realmente hay.PublicidadEl reto político es construir una sociedad con más derechos y más libertades¿Qué implica reconocer este presente?Hay personas a quienes les puede generar incomodidad ver cómo su entorno cambia o cómo llegan prácticas culturales y religiosas que quizás no eran tan visibles ni tan presentes y ahora también son parte de la sociedad. El reto de futuro es ¿qué queremos construir con esto? No es que nos puedan coger a todos los que hemos llegado aquí y deportarnos, no es posible, por mucho que haya discursos que lo defiendan. El debate es si tenemos derechos o no. Si no tenemos derechos, lo que tenemos es una sociedad más desigual y eso es peor para todos.¿Y podemos ser optimistas con que lo conseguiremos?El reto político es construir una sociedad con más derechos y más libertades. Hay mucha gente que nos da muchos motivos para ser optimistas. Cuando miramos el proceso de regularización, por ejemplo, Victoria Columba, que es una de las portavoces del movimiento Regularización Ya, decía que con este proceso habíamos hecho un país mejor. Esto da motivos para tener esperanza. La gente está haciendo cosas para que sea un país igualitario y con más libertades para todos.¿Alguna entrevista que les haya impactado en especial?La entrevista a Cristina Zhang Yu, por ejemplo, titulamos sobre un tema que es puramente educativo. Tenemos un problema en la sociedad que es la segregación escolar y eso tiene que ver con cómo se construye la desigualdad en nuestra sociedad. También está la entrevista a Fabiola Mancinelli, que probablemente incomodará a mucha gente porque dice cosas contraintuitivas del discurso mayoritario. Habla de cómo este odio hacia el expat que interpela a mucha gente, y el discurso contra el migrante no están a tanta distancia, y se pregunta, ¿cómo se establece esta diferencia? De la entrevista con Florencia Brizuela es interesante que explica cómo es estar siempre en dos lugares constantes: estar aquí y en el lugar de origen. Explicaba muy bien en una pregunta que cuando va con sus amigas de origen latinoamericano de turismo a Marruecos, las leen de una manera, pero que luego van a México y las leen de otra, y a Barcelona de otra, y cuando van a Salta, en Argentina, de donde son ellas, las leen de una manera diferente. La integración, al final, es una parte personal y una parte del entorno. En conjunto, es interesante poder pensar en cómo se construye la diferencia. Hay dinámicas sociales y políticas que están haciendo que tú seas diferente de otro, pero estas diferencias no son esenciales, no son porque tú has nacido allí o aquí, ni por el color de piel. Son dinámicas sociales y de poder.¿La ley de extranjería es un ejemplo de cómo se construye la diferencia?Hay un elemento central, que es que la ley de extranjería no se rige por los derechos de las personas migrantes, ni por la ley internacional, ni por los derechos humanos, sino que se rige por las necesidades del mercado de trabajo español. Si pensamos en el marco de los derechos humanos, hay personas que no tienen derechos y personas que tienen derechos porque son ciudadanas o no son ciudadanas. Lo que hace la ley de extranjería y la legislación europea es crear espacios de no derechos en los que las personas están totalmente privadas de derechos que el resto consideramos básicos porque tenemos una nacionalidad. La gente no es lo suficientemente consciente de ello. Cuando hay debate sobre migración, primero hay mucha desinformación, porque, por ejemplo, las personas que no tienen una situación regular no pueden recibir ningún tipo de ayuda directa del Estado por más que se llenen la boca diciendo esto. Segundo, hay una inconsciencia total de todo aquello a lo que estás expuesto por el hecho de no tener una situación regulada.Ser migrante implica no tener derecho a algo tan simple como dejar un trabajo que no te gusta¿Por ejemplo? El caso más brutal de esto es el caso de las trabajadoras del hogar y de los cuidados. El hecho de estar sin papeles, dependiendo de la persona para la que trabajas, viviendo en su casa, expuesta a todo tipo de abusos y de violencias y, hasta hace muy poco, no se ha reconocido en el Estado español el convenio de la organización internacional del trabajo que les reconoce derechos que son muy básicos. No tenían derecho al paro o los podían echar de un día para otro con una mano delante y otra detrás, no tenían ninguna regulación de la jornada laboral, etc. Esta victoria que es de muchas trabajadoras del hogar autoorganizadas durante muchos y muchos años, es una gran victoria, pero a la vez sirve para las que tienen una situación regular, la ley continúa excluyéndolas quienes no tienen papeles.¿Hay más en el libro?Cuando hacíamos la entrevista a Florencia, nos explicaba que ella, como abogada, ha llevado diferentes casos. Una es gente que se le ha muerto un familiar y que no puede irse porque está en proceso de regularización. También explicaba el caso de un chico que había dejado el trabajo porque no podía más con una situación abusiva laboral. Pero es que ahora este chico no tiene un contrato laboral y, por lo tanto, no puede renovar los papeles y pasará por un proceso de deportación si lo detienen. Ser migrante implica no tener derecho a algo tan simple como dejar un trabajo que no te gusta o donde sufres violencia También aparece mucho cuando hablas con la gente la cuestión de no poder ir a ver a tu familia, hay gente que está ahí, que ha tardado muchos años en poder regular su situación, y quizás ha estado más de una década sin haber visto a su familia.Además hay muchas incongruencias con quien obtiene la nacionalidad, ¿verdad?Según la legislación española tú no tienes derecho a la nacionalidad por el hecho de haber nacido aquí, es un derecho de sangre. Por eso se da una situación absurda en la que hay gente que no ha pisado nunca el Estado español que tiene más derechos, como participar de las elecciones, y gente que hace años y años que vive aquí que no tiene acceso a este derecho. Esto es el modelo que tenemos y cuando te paras a mirar las políticas del Estado español y de Europa te das cuenta que no estamos tan lejos de los Estados Unidos de Trump.PublicidadReconocer la diversidad cultural abre más espacio para que el catalán conecte con quienes acaban de llegar¿Qué quiere decir?Pues, por ejemplo, cuando Trump dice que construirán una valla en la frontera con México, nos llevamos las manos a la cabeza, pero aquí ya hacía años que teníamos una valla en las fronteras de Ceuta y Melilla. También tenemos centros de internamiento para personas que no han cometido ningún tipo de delito, simplemente no tienen una situación regular y las han pillado un día por la calle, o las han engañado para que fueran a una comisaría. Todo esto existe hace décadas aquí.Los centros de internamiento son otro tema.Uno de los dos programas 30 minuts que hicimos era sobre celdas de aislamiento en las prisiones, que evidentemente es un tema muy grave, pero conseguimos entrar en las cárceles con cámara y grabar las celdas. En cambio, tú pides entrar a grabar en un CIE y es un lugar absolutamente opaco donde se desconoce qué pasa dentro, donde todavía hay muchos problemas para que la prensa pueda acceder. Y lo hemos normalizado.¿Qué temas han quedado fuera de este libro, pero que no debemos dejar de hablar de ellos?La cuestión de la vivienda y el tema de la lengua. Una entrevista que nos quedó pendiente era sobre lengua y diversidad lingüística. Hay mucha gente que ve la diversidad cultural como una amenaza para la defensa del catalán. Es importante remarcar cómo puede ser una riqueza. Si vivimos en un entorno donde reconocemos la diversidad cultural, también hay más espacio para que el catalán pueda florecer y conectar con gente que acaba de llegar.