Estados Unidos continúa atrapado en el atolladero en el que eligió meterse: Irán. La guerra iniciada el 28 de febrero, y enfriada durante varias semanas gracias a un alto el fuego y un acuerdo provisional, no solo se ha reanudado, sino que podría ser más destructiva que antes. Así lo sugieren la escalada de los últimos días y el traslado de más activos militares de EEUU a la región. Pero hay limitaciones físicas y políticas; entre otras, la escasez de munición y de margen para tolerar bajas. Este lunes, el Comando Central de EEUU anunció una nueva ronda de bombardeos, por noveno día consecutivo, contra Irán, al tiempo que desplaza a bases europeas aviones de combate F-16 y F-35, y aviones cisterna. Durante la semana pasada, los estadounidenses elevaron la temperatura atacando objetivos civiles, como puentes, vías de tren y, según BBC, una planta desalinizadora. Washington, por su parte, lo ha negado. Irán respondió con la misma medicina: bombardeó una planta desalinizadora y una central eléctrica de Kuwait, así como objetivos en Catar, Baréin y Jordania. Además, los aliados iraníes de Yemen, los hutíes, han comunicado que impedirán el tránsito de barcos saudíes por el estrecho de Bab el-Mandeb, que enlaza el mar Rojo con el Golfo de Adén y por el que pasa cerca del 10% del crudo mundial. Un movimiento que los países de la región, particularmente Arabia Saudí, temían, ya que añade más presión al mercado energético. A la escalada se suma el goteo de bajas mortales, también, en la parte estadounidense. "Id con Dios, héroes. Vuestro sacrificio endurece nuestra determinación", declaró el secretario de Defensa, Pete Hegseth, tras conocerse la muerte de otros dos soldados estadounidenses durante el bombardeo iraní a una base militar en Jordania. Horas después, Washington admitía otra muerte y elevaba el total a 17 desde el comienzo de las hostilidades. TE PUEDE INTERESAR El objetivo de EEUU es impedir que Irán consolide su control del estrecho de Ormuz, una vía de valor estratégico incalculable cuya gestión no fue debidamente especificada en el "Memorándum de Entendimiento". Sin embargo, hay dudas de que la Administración Trump pueda hacer mucho más que lo que está haciendo ahora. Una estrategia basada en golpear algunos objetivos sin mucho resultado. Por cinco razones: municiones insuficientes, soldados insuficientes, capacidad de Irán de hacer mucho más daño, amenaza de crisis económica y la impopularidad de esta guerra en EEUU. "La campaña de 39 días de bombardeos y defensa aérea contra Irán agotó las reservas de municiones clave de Estados Unidos", escribían a finales de mayo los expertos Mark F. Cancian y Chris H. Park, del think tank de seguridad y defensa CSIS. "Estados Unidos dispone de municiones suficientes para cualquier escenario verosímil en una guerra con Irán; sin embargo, el agotamiento de dichas reservas ha generado una ventana de vulnerabilidad ante un posible conflicto en el Pacífico Occidental. En consecuencia, el tiempo necesario para reponer esas existencias se ha convertido en una preocupación importante". Un análisis del CSIS estima que el Pentágono ha gastado en Irán uno de cada tres Tomahawks, más de uno de cada cuatro JASSM (misiles de crucero furtivos) y entre un tercio y más de la mitad de los SM-3, misiles defensivos de la Armada que cuestan 28 millones de dólares por unidad. Entre otras municiones. EEUU trabaja en reponer estos arsenales, pero carece del músculo de antaño. Desde el final de la Guerra Fría, dada la percepción de que las guerras masivas del siglo XX se habían acabado, las fuerzas armadas de EEUU y su base industrial entraron en un proceso de reducción; el famoso complejo-militar industrial se convirtió en un sector "boutique" destinado a abastecer operaciones puntuales y limitadas. Raytheon, Lockheed Martin y compañía siguen fabricando misiles, pero a una escala insuficiente para mantener en marcha una larga campaña aérea. Esa es la conclusión que se desprende de análisis como el de CSIS, y así lo ha vuelto a reconocer una fuente oficial citada por The Washington Post: "No tenemos lo suficiente para mantener las operaciones de manera segura, y no creo que la Casa Blanca sea consciente de ello". La fuente añadió que "Estados Unidos se prepara para una guerra más amplia". Dentro del lodazal militar Aunque EEUU sigue teniendo, de lejos, las fuerzas armadas más poderosas de la Tierra, es improbable que lance una guerra de conquista. Algunos observadores militares dicen que podría emprender operaciones sobre el terreno, pero solo para misiones puntuales. Irán es casi cuatro veces más grande que Irak y cuenta entre 600.000 y 650.000 militares en activo. Aun en el caso de que Washington solo desease controlar una o dos islas estratégicas, Teherán ha demostrado que tiene drones y misiles suficientes para elevar el coste de dichas operaciones. De momento, EEUU tiene en la región cerca de 8.000 soldados preparados para el combate. Muy pocos. "Trump ha metido a EEUU en un lodazal", escribió en la red social X Barry McCaffrey, general retirado de cuatro estrellas y veterano de todas las guerras estadounidenses desde Vietnam. "No hay manera de abrir el estrecho de Ormuz sin una intervención grande con fuerzas terrestres de EEUU. Haría falta una operación de combate significativa para acabar con 200.000 [miembros de] la Guardia Revolucionaria y 600.000 del Ejército. Factible. Bajas. Un año". Las defensas aéreas de EEUU en la región, además, están teniendo crecientes dificultades en interceptar los proyectiles iraníes. Como apunta Military Times, los iraníes "destruyeron un valioso avión E-3 Sentry AWACS de EEUU, dañaron al menos cinco aviones cisterna KC-135 en bases aéreas saudíes y devastaron múltiples radares de defensa aérea". El Pentágono está buscando empresas que fabriquen sistemas terrestres para bloquear estos ataques. Desde hace semanas hay un esfuerzo en marcha para reducir la dependencia del estrecho de Ormuz, usando o construyendo rutas alternativas. Pero esto también entraña dificultades. El ferrocarril y los camiones son menos eficientes que los barcos, que tienen mucha más capacidad, y los iraníes se reservan el derecho de destruir, también, estas rutas alternativas. Por ejemplo, los puertos saudíes de Yanbu y Yeda, en el mar Rojo, o el paso de Bab el-Mandeb, que podrían cerrar los aliados yemeníes o incluso Teherán, con sus misiles de alcance medio. Son posibilidades de escalada que EEUU y sus aliados de la región tienen en cuenta. Incluso si la guerra no empeorara, el riesgo de crisis económica global es palpable. El estrecho de Ormuz, salvo por un goteo de valientes embarcaciones, continúa prácticamente cerrado, lo cual ha forzado a reducir las reservas estratégicas de petróleo en todo el mundo. Las de EEUU están al nivel más bajo desde 1983. TE PUEDE INTERESAR El propio Donald Trump, a la hora de justificar el "Memorándum de Entendimiento" firmado el 14 de junio, reconoció que no quería pasar a la historia como el nuevo Herbert Hoover, el presidente bajo cuyo mandato estalló la Gran Depresión. La palabra Hoover llegó a ser sinónimo de pobreza (las Hoovervilles eran poblados chabolistas; las Hoover flags, los bolsillos vacíos dados la vuelta; los Hoover wagons, carruajes de caballos mal alimentados, etc). Así pasó a la historia. "Tengo un deseo principal como presidente", dijo Trump durante una entrevista con Axios del 22 de junio. "No quiero ser como el difunto y gran Herbert Hoover". Lo cual nos lleva a la desaprobación de esta guerra en Estados Unidos. Un análisis de The Economist sostiene que apenas un 30% de EEUU respaldan la decisión de atacar Irán. La guerra de Vietnam tardó seis años en volverse tan impopular.