Ciudad abiertaNo es que los nacionalistas radicales vascos no se sientan espa�oles, es que no toleran que otros s� se identifiquen con Espa�aS�nchez junto a Abdelmadjid Tebboune en ArgeliaPoolActualizado Martes,

julio

03:07Audio generado con IA1. Lo peor de la final del Mundial de f�tbol se produjo fuera del campo. En concreto, en distintas localidades del Pa�s Vasco y Navarra, donde varios aficionados de la selecci�n fueron agredidos por nacionalistas radicales vascos. Unas agresiones que no respond�an a otra "provocaci�n" que la de vestir la camiseta de Espa�a o estar viendo el partido. Este tipo de escuadrismo siempre retrata, en primer lugar, la enfermedad moral de los individuos que participan en �l. Pero, en este caso, tambi�n expone un rasgo lamentablemente arraigado en los sectores m�s radicales del nacionalismo vasco: no es que ellos no se sientan espa�oles, es que no toleran que otros s� se identifiquen con Espa�a. Y est�n dispuestos a imponer su intolerancia mediante la violencia. No solo la violencia simb�lica, discursiva y posmoderna de la que tanto se habla en el an�lisis contempor�neo. No, aqu� hablamos de la violencia-violencia. La de su pu�o contra tu cara.Los dos grandes partidos del nacionalismo vasco, PNV y Bildu, han condenado las agresiones. �Debe esto cerrar la reflexi�n sobre lo ocurrido? Llama la atenci�n qu� episodios merecen comentario y an�lisis por parte del discurso oficialista y cu�les no. No es muy arriesgado suponer que, si militantes de Vox hubiesen realizado agresiones parecidas, estas habr�an sido denunciadas como un s�ntoma de lo que ocurre cuando los discursos "de extrema derecha" se "normalizan". Las agresiones habr�an sido le�das como la demostraci�n de un problema social, cultural y sobre todo pol�tico. Aqu�, sin embargo, no se aprecia un problema mayor. Las agresiones no obligan a preguntar qu� elementos del nacionalismo radical vasco o de sus organizaciones actuales pueden conducir a este odio. Ya ocurri� cuando se intent� convencer a la opini�n p�blica de que la agresi�n a los guardias civiles de Alsasua fue "una pelea de bar". Advierten contra la normalizaci�n del odio quienes dan por hecho que determinados odios forman parte del paisaje.2. Uno puede valorar el elemento ritual y protocolario de las instituciones, incluso en su vertiente m�s anodina. Uno puede, al mismo tiempo, preguntarse qu� necesidad hab�a de que los jugadores de la selecci�n debieran pasar primero por Zarzuela y por Moncloa antes de poder celebrar el t�tulo junto a decenas de miles de aficionados por las calles de Madrid. Cabe preguntarlo, sobre todo, cuando los Reyes y el presidente del Gobierno ya tuvieron el privilegio de asistir a la final y -en el caso del monarca- de felicitar personalmente a los jugadores. Si era imprescindible una recepci�n oficial, �no pod�a hacerse unos d�as despu�s, e impedir as� la demora en la celebraci�n popular? Por decirlo con vocabulario orteguiano, hay momentos para la Espa�a oficial, y hay momentos para la Espa�a vital.3. Bergareche publicaba ayer unas reflexiones interesantes en este diario sobre la falta de letra de nuestra Marcha Real. Efectivamente, deber�amos dejar de ver esto como una tara, una anomal�a de la que avergonzarnos. Y no solo porque nos permita rehuir las estridencias y cursiler�as decimon�nicas de muchos otros himnos, o porque act�e como un lienzo en blanco para las muchas formas de sentirse espa�ol. Un pa�s que estuviese m�s seguro de s� mismo podr�a verlo como una nota simp�tica y original, una excentricidad inofensiva, algo ligero con lo que bromear. Ante el dramatismo de quienes sostienen que no puede ser que seamos los �nicos sin letra en nuestro himno, esta Espa�a deber�a decir: "�Y por qu� no?".